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Opinión

Matías del Río


 Por Bryan Smith, cientista político.

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El trabajo que ejercemos quienes nos dedicamos al análisis político, consiste principalmente en transmitir a la ciudadanía los puntos de vista fundados, estructurados y en un lenguaje entendible, respecto al acontecer político, contribuyendo, de este modo, al entendimiento ampliado de procesos que, por su naturaleza compleja, no son tan sencillos de comprender y que requieren de personas especializadas para que todos y todas estemos al tanto de lo que sucede en esa esfera de la sociedad, la política.

Al ser este un ejercicio humano, no es posible establecer una receta unitaria de cómo debe o no debe ser el análisis político, pero de todos modos, se pueden identificar ciertos aspectos generales que dan forma a un buen análisis. Entre esos aspectos destacan los ejercicios de experiencia comparada; la revisión histórica de posiciones y discursos; el análisis del contexto en el cual se dice, hace o ejecuta una acción política; el análisis de contenido de un determinado discurso; un entendimiento profundo de los actores sobre el tablero político; las observaciones enarboladas por una contraparte; por mencionar los más comunes.

En el fondo, un buen análisis político, no es solo aquel irrefutable, sino también aquel que abre seriamente la posibilidad de pensar y repensar una determinada acción política… es decir, plantea un punto de vista divergente o reforzador.

Pero nada de eso es lograble si no existen principios rectores que validen al analista como un profesional serio y que se expresan, principalmente, en el lenguaje aplicado: respeto, tolerancia, autocritica y así es como se va forjando el ejercicio principal que es la objetividad, y no como un lugar a alcanzar, sino como un ejercicio de balances que se observa caso a caso.

Otro factor relevante es el uso de fuentes, ya que no es posible dedicarse al análisis político, si no se está en constante formación. Estudiar economía, filosofía, historia, sociología, psicología, conocer y entender la historia política de los actores en cuestión, además de estar muy pendiente de los hechos noticiosos, son algunas de las materias en las cuales es menester nutrirse en este rubro. Pero lo relevante es que se está constantemente aprendiendo de otras personas, ya sea por su producción académica, literaria o informándonos de los puntos de vista diversos de otros analistas políticos que constituyen fuentes legítimas, fidedignas y respetables.

Durante casi una década, he escuchado los análisis, observaciones y comentarios de Matías del Río quién, en su calidad de periodista, cumple con todo lo mencionado anteriormente y mucho más. Siendo capaz de reconocer virtudes y defectos propios, así también de otros actores relevantes. Sus conocimientos profundos de la política chilena y – curiosamente – argentina, lo posicionan como uno de los periodistas de política más relevantes de Chile, aunque a una minoría convenientemente favorable a una ideología determinada no les parezca y que obvian que el hombre en cuestión, ha sacado ronchas y aplausos de izquierdas y derechas durante su carrera profesional.

Como cientista político y analista político por vocación, condeno ciudadanamente la censura impuesta por políticos sobre el profesional Matías del Río, e instó al gobierno a recular la determinación de excluirlo – por razones políticas – del programa de Televisión Nacional de Chile.

Bryan Smith, cientista político.


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