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Opinión

Es tiempo de terminar con las mentiras y trabajar por Chile


 Por Jorge Rivas Figueroa. Administrador Público Licenciado en Ciencias Políticas

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Como muchos en esta vida, yo también admiro a José Mujica, Pepe Mujica como me gusta llamarlo cada vez que tengo que citarlo en una conversación con amigos, con colegas o con políticos de mi país.
Su nombre hoy no viene a sumar al vacío, menos, si en la cadena mediática de origen alemán Deutsche Welle o DW, emite su opinión para advertir a los productores latinoamericanos de granos que el futuro no está en sus manos, si no en las de los llamados “Países Centrales” aquellos que por proteger sus mercados internos establecen barreras arancelarias, fijan precios e instauran medidas que buscan salvar sus economías, sin importar las  consecuencias que tengan esas decisiones en países productores, como los de nuestro continente.
En paralelo, el reciente acuerdo firmado por Ucrania y Rusia para exportar el trigo desde la zona de guerra por el Mar Negro ha levantado esperanzas en los productores del sur del mundo, pero seamos concretos, el mundo está repleto de buenas intenciones y, hasta no ver el primer barco zarpando bajo la atenta mirada de los garantes turcos y de la ONU, lo cierto es que todo indica que los precios de los granos seguirán por las nubes, tal como advierte el ex Presidente Uruguayo que alerta sobre esos costos de producción que no bajarán, aunque el mercado de trigo, avena y maíz comiencen a ver reducción en el precio final. 
No se trata de convertirme en un analista de la macro economía, se trata de entender que según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias – ODEPA – del Ministerio de Agricultura, el 75% del trigo y el 82% de la avena se produce entre las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía, es decir en nuestra tierra.
Al entender que la llamada Macro Zona Sur enfrenta altos costos para lo producción de los granos, la advertencia de Mujica es clara, pues de bajar los precios finales en el mundo, sin que bajen los costos productivos, la catástrofe será de gran magnitud y muchos pequeños agricultores podrían ver morir sus campos dejando a Chile sin esta producción, cuestión que podría generar una presión inflacionaria en productos como el pan, los tallarines (pastas) y otros derivados de los granos, impactando de forma negativa en las cifras de la inflación que ya son altas (y eso que este análisis no considera la crisis de los combustibles).
Con todo, dos cosas deben concentrarnos ante este escenario, ver de qué forma se apoya a los pequeños productores del trigo y avena a objeto de palear los costos en los insumos productivos y con ello evitar su muerte ante este inminente regreso de los productos de Ucrania y Rusia y, la segunda terminar con las mentiras de que la inflación que hoy llega a los 12.5% en los últimos 12 meses es culpa de un gobierno que recién cumple su cuarto mes de mandato y que ha mostrado de la mano de Mario Marcel, medidas extremas pero exitosas, como por ejemplo la inyección de dólares al mercado cambiario para disminuir la depreciación del peso chileno ante la divisa estadunidense (Banco Central Autónomo) y evitar un nuevo retiro de los fondos de pensión, medida impopular pero necesaria por el bien de todo el país.
Desde finales del Siglo XIX que el mundo sabe de recesiones o contracciones de la economía, algunas de ellas post guerra y otras como la gran crisis del “29” donde Wall Street vivió su peor jornada de la historia. Hoy el mundo está a punto de entrar a una nueva, esta vez motivada (entre otras razones) por las bajas productivas en medio del Covid, por la guerra entre Ucrania y Rusia.
El momento y el llamado nos lleva a pedir que se terminen las mentiras y que los economistas de todos los colores ideológicos usen su inteligencia para hacer que esta crisis golpee de forma más suave a nuestro país. Afortunadamente, el cobre aún es chileno y eso nos está ayudando.
Jorge Rivas Figueroa
Administrador Público
Licenciado en Ciencias Políticas


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