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Opinión

El silencioso síndrome de Sjögren


 Por Esteban Alvarado Alvarado (*)

Esteban Alvarado

El ser humano necesita secreciones y fluidos como la saliva, las lágrimas o las mucosidades para poder realizar funciones como hablar, comer, relacionarse, defenderse de infecciones, autolimpieza y lubricación. Estas son producidas por glándulas a lo largo del cuerpo y complementan el mantenimiento de la salud.

Sin embargo, cuando las glándulas pierden función se produce resequedad de ojos, boca y órganos sexuales, afectando la calidad de vida y generando ardor, dolor y aumento del riesgo de enfermedades infecciosas, cardiovasculares, pulmonares, neurológicas, psicológicas y cáncer (en especial el linfoma no Hodgkin, leucemia, cáncer de pulmón y de tiroides).

Entre las entidades autoinmunes crónicas más prevalentes que producen esta alteración, está el síndrome de Sjögren, con prevalencia de un 0,1 a 5% de la población y predilección por el sexo femenino entre 40 y 50 años de vida, aunque también afecta a hombres y niños. Tiene tres etapas, de las cuales solo la tercera se caracteriza por alterar la calidad de vida, produciendo los efectos antes mencionados.

Cuando nos referimos a un síndrome con alta prevalencia, personas no diagnosticadas y alteraciones en la calidad de vida en diversos niveles; necesariamente hablamos de un problema de salud pública que no está actualmente valorizado y que requiere un fortalecimiento que debe comenzar en la etapa universitaria, orientado a aumentar el diagnóstico y tratamiento.

(*) Esteban Alvarado Alvarado

Académico de Vinculación con el Medio

Escuela de Odontología, Universidad San Sebastián


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