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Opinión

Sobre instituciones, autoridades y confianza


 Por Bryan Smith. Cientista Político

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El tiempo pasa y la sociedad cambia, de eso se trata el ruedo de la vida: ensayo y error, tesis, antítesis, síntesis y así la evolución social de la humanidad nos ha traído – en poco más de 12.000 años – desde la vida en las cavernas en pequeñas tribus nómades, hasta la consolidación de grandes naciones, con ciudades de millones de habitantes y todo lo que conlleva, para bien y para mal.

En este “ruedo por la vida”, la humanidad ha construido instituciones en base a la experiencia lograda de tanto ensayo y error, que hoy nos permite convivir en asentamientos de miles y millones de personas y que entendemos como naciones, pueblos y países.

Entre esos logros de la evolución de la convivencia humana, destacan, indiscutiblemente, las instituciones políticas y democráticas que regulan esta sana convivencia: independencia de poderes, decisión de mayorías, igualdad ante la ley, discusión parlamentaria de leyes, imparcialidad de autoridades frente a procesos democráticos, por mencionar algunas, son instituciones que permiten una convivencia social equilibrada, digno de un país democrático del siglo XXI, esto sin obviar todos los defectos del sistema político, pues… el ruedo de la vida continua y así, ensayo y error, ensayo y error…

Pero todas estas instituciones y las personas que las encarnan – autoridades – tienen a su responsabilidad, la tarea más importante: sostener la confianza, basados en la transparencia de los procesos y el justo ejercicio del poder envestido, pues sin confianza en las instituciones, no son más que un mero saludo a la bandera, un esfuerzo más bien escénico, una teatralidad que imita la democracia… un peligro para la convivencia social.

Cuando una autoridad miente, daña la confianza. Cuando una autoridad supera sus facultades legalmente establecidas, daña la confianza. Cuando una autoridad atenta contra la transparencia, daña la confianza. Cuando una autoridad comete un delito, daña la confianza… y no nos referimos a la confianza sobre su persona – que sin duda alguna se ve afectada – sino a la confianza del pueblo respecto a sus instituciones.

Cuando una autoridad ha jurado defender la dignidad y la honorabilidad de un cargo, no está haciendo un aburrido rito republicano añejo, muy por el contrario, se está comprometiendo con defender la confianza del pueblo para con sus instituciones, estas que propician la vida pública saludable. Por eso, cuando una autoridad falta a la verdad, a la legalidad, a la transparencia o actúa de forma parcial cuando le corresponde ser imparcial, es un grave daño a la fe pública del pueblo y sus instituciones, que tanto ensayo y error nos ha costado consolidar como humanidad. En este sentido, el Presidente de la República, debe mantener una posición imparcial frente al plebiscito de salida, ya que, de no hacerlo, estaría dañando la institución misma de la primera autoridad y el cargo, como institución, demanda de la más alta dignidad en el ejercicio… esa línea no se debe cruzar.

Bryan Smith

Cientista Político.


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