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Opinión

Las formas, sí importan


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

Nacemos en  un mundo ya existente, en una sociedad construida de una determinada manera, que tiene sus propia historia, que cuenta  con  tradiciones, culturas, lenguajes, religiones; estructuras sociales, concepciones económicas, jurídicas y políticas, así  como normas,  hábitos y costumbres que practican y que nos anteceden, junto con principios morales como formas de vivirlas, las que, aun cuando nos pudieran resultar ajenas, debemos aceptarlas (en un principio, sin cuestionarlas) para ser aceptados como miembros de la comunidad donde nacemos y lo hacemos  imitando, que es la forma más básica e importante  de aprendizaje inicial. En este proceso de socialización,  imitamos a nuestros padres ya quienes nos rodean y que nos transmiten el mensaje de lo construido y nos enseñan cómo comunicarnos y convivir con la aceptación y respeto por los otros. De ahí la importancia que tienen las formas en que se practica la ritualidad simbólica propia de una  sociedad, donde la educación en todas sus formas, tiene el rol más relevante.

Al principio, aprendemos sin entender muy bien los códigos que rigen a la sociedad que nos recibe, pero los aceptamos por la imperiosa necesidad gregaria de formar parte de esa comunidad humana. Luego entendemos que las prácticas sociales son necesarias para mantener la cohesión de los miembros que componen la comunidad donde se participa y cuyo andamiaje que la sostiene no nació con nosotros, como algunos que creen, no sin alguna soberbia, que la historia nació  con ellos, sino que se fue construyendo – con sus avances y retrocesos- a través del tiempo por varias generaciones y que se mantienen en su esencia y en su valor mediante determinadas prácticas o ritos sociales que cumplen una función sociológica para asegurar la supervivencia y reproducción de la sociedad. Prácticas y ritos que, si bien pueden evolucionar en su expresión práctica, mantienen intacta su esencialidad.

Los ritos sociales han formado parte de la vida de una persona desde su nacimiento y son usadas con algunas adaptaciones en las prácticas sociales, políticas, deportivas, funerarias, educacionales, religiosas, en ceremonias de iniciación, u otras similares, como un marco referencial del comportamiento comprometido por los usos y costumbres, nuevas o ancestrales, de una sociedad o parte de ella. Constituyen ritos sociales o formas de conducta, el matrimonio, el bautizo y el funeral, por ejemplo, así  como  el juramento o la promesa que se hace a Dios y  a la bandera y el respeto a los símbolos patrios; la interpretación (o el silencio  respetuoso) del himno nacional en ceremonias y ocasiones especiales, no solo como signo de unidad nacional, también como sentimiento de gratitud por tener una patria, sea de nacimiento o de acogida.

Constituyen también formas de comportamiento los protocolos  que son formalidades aceptadas que rigen las actividades de normal ocurrencia, las relaciones y ceremonias oficiales y diplomáticas, que son mayoritariamente respetadas por moros y cristianos, independiente de condiciones políticas, religiosa, étnicas, de condiciones sociales o económicas, como signos elementales de respeto hacia las formalidades establecidas para darle a las actividades de una sociedad un marco de importancia y  de orden, más si no  vulneran principios ni valores aceptados por la mayoría.

Importan la forma cómo se adquiere el poder, así como importa la forma en que se ejerce. Importa la forma cómo se llegó a ser  parte de la Convención Constitucional, como importa la forma en que se trabajó en la elaboración de la Carta Magna; como importa el resultado obtenido, si responde o no a las expectativas y esperanzas de la mayoría ciudadanía. Importa la forma como unos y otros, del Apruebo y del Rechazo, harán para, primero informar y, luego convencer, con formas legítimas y éticas, para que los votantes respalden o rechacen la propuesta de una Nueva Constitución que represente a todos y no solo a unos pocos y que no divida aún más a una sociedad que clama por mayor unidad, certezas, progreso para todos y vivir con esperanzas de una sociedad mejor, con libertad, sin miedos y en paz.

Las formas como se logre, para validar la aceptación o el rechazo, claro que importan.


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