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Opinión

Un camino a la calidad de la educación


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Pedagogo Socio fundador, director y secretario de la AFDEM Los Ángeles

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Si hay algo que de ordinario, formal o informalmente, sistemática o asistemáticamente, regular o casualmente, con sustento o sin él, llevamos a cabo las personas, eso no es otra cosa que tomar consciencia de la realidad y sus manifestaciones – evaluando hechos, circunstancias, ideas, procesos, procedimientos, acciones y resultados – en función de algo que nos acicatea en el momento, con el objeto de arribar a una adecuada toma de decisiones. Es que nada de lo que hagamos o nos afecte puede quedar fuera – consciente o inconscientemente – del alcance de unas inquisidoras miradas que nos llevan a constatar si lo que está sucediendo acaece dentro o fuera de los márgenes de lo que se entiende por correcto. Y todo, porque – como es de entender -, nada existe que no pueda ser examinado estemos donde estemos, con quién estemos y en la situación que sea, atendidas las certezas que siempre necesitamos.
Dicho lo anterior, sólo que esta vez situados en el ámbito de la educación en general (pública, subvencionada o pagada; eso da lo mismo) y dentro de ésta en el contexto del desarrollo del acto educativo, pedagógico o docente por el lado de quiénes imparten enseñanza (de educación inicial, educación básica, educación media o educación especial), no podemos, pero en modo alguno, pretender que el acompañamiento docente o acompañamiento pedagógico – como también suele identificárselo – sea un quehacer autónomo y desligado por completo de procesos heterónomos, autónomos o co participativos de evaluación (y hasta, incluso, meta evaluativos), porque si algo justifica que el referido proceso pedagógico para el desarrollo y/o fortalecimiento profesional tenga lugar, eso no es otra cosa que la constatación previa de falencias o carencias en las prácticas docentes ante pre, pre, intra y post áulicas vía levantamiento de información – evaluación, por lo tanto – que, en el evento de estar de suyo visibles, deberían redundar en la elaboración y ejecución de planes de superación académica personalizados a cargo de expertos en currículo, didáctica y metodología de la enseñanza y evaluación de los aprendizajes, tal que sí debería ser.
En ese caso, no podemos sino asumir que el referido acompañamiento pedagógico debe ser, de por sí, entendido como un imperativo microsistémico de colaboración con los profesores en el mismo establecimiento educativo en el que imparten enseñanza a través de lo que se define como un “estilo especial de docencia que se realiza entre iguales – dado que en un colegio sólo existen docentes, aunque con cometidos diferenciados (docente / directivos, docente / tecnicopedagógicos y docentes de aula) – en función del mejoramiento, y optimización también, de sus distintas prácticas docentes y sobre la base de un proceso de evaluación permanente de carácter crítico, colaborativo, formativo y multimodal o, lo que es igual, heterónomo, autónomo y co participativo”, según lo que se recoge de la evidencia teórica y empírica nacional y extranjera, en el bien entendido de que el espacio por excelencia para la capacitación y desarrollo integral de los docentes es el propio centro educativo con sus fortalezas y debilidades.
Ahora bien, si la idea de fondo – de conformidad con lo expresado en los párrafos precedentes – es llegar a la puesta en acción de procesos de intervención directiva y técnica que aseguren calidad de la enseñanza y de los aprendizajes de los estudiantes, no cabe otra alternativa que el diseño, elaboración, validación y puesta en funcionamiento de, por un lado, “Sistemas de Evaluación y Acompañamiento a la Docencia en la Enseñanza” y, por otro, “Sistemas de Evaluación y Acompañamiento a la Docencia Directiva y Técnico Pedagógica”; esto último, habida consideración de que los estereotipos docentes – de menos a más: ejecutores, implementadores (ambos inconvenientes) y agentes curriculares (convenientes) – y, por lo tanto, la calidad de su ejercicio profesional en el espacio pedagógico está claramente determinada por los estilos de liderazgo que se ejercen en los colegios, la más de las veces en severo contraste con los derechos de los educandos y de la autonomía profesional de los docentes.


Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Pedagogo
Socio fundador, director y secretario de la AFDEM Los Ángeles


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