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Opinión

El diálogo sometido


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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“No somos elegidos por Dios, sino por el electorado, por lo tanto, buscamos el diálogo con todos aquellos que ponen el esfuerzo en esta democracia.” Willy Brandt. (1913-1992. Canciller de la RFA)

Siempre se nos enseñó que el dialogo es el medio más adecuado y eficaz para solucionar conflictos; que es un mecanismo dialógico con capacidad para establecer un puente entre las riberas opuestas de un problema que involucra la voluntad de las partes para resolver la controversia. Es una forma de comunicación entre dos o más personas con el ánimo de buscar consensos  frente a posturas o intereses divergentes y hacerlo  en paz,  con ánimo respetuoso y constructivo, reconociendo el valor de las posturas y visiones contrapuestas frente a un mismo problema y producir acercamientos donde cada una de las partes tenga el ánimo y la disposición para reconocer y  aceptar las razones del otro y aceptar también ceder parte de las propias pretensiones, especialmente  cuando el objetivo del diálogo busca el bien común o mayor y sin la intención de imponer  supremacía, menos por la fuerza; menoscabar, vulnerar ni herir a nadie. La verdad, la certeza y la justicia   de los hechos evidentes constituyen el mejor aval para hacer los esfuerzos que sean necesarios para resolver situaciones límites, más cuando son aquellas que causan daño y dolor, incluso la muerte de seres humanos inocentes.

Sin embargo, el diálogo, que siempre debe ser razonable, es posible establecerlo cuando las partes en conflicto están dispuestas a realizarlo. No es posible el diálogo con quien no quiere o se niega a dialogar, menos cuando no se conoce al interlocutor puesto que es necesario saber con quién se dialoga y a qué, a quien o a quienes legítimamente representan. El dialogo requiere  de la voluntad declarada y la capacidad para escuchar en calma y sin resentimientos que impidan llegar a acuerdos donde las partes en conflicto queden con la sensación de que se hiso justicia y que no han sido doblegados ni vencidos.

El gobierno ha privilegiado el diálogo por sobre el uso de la fuerza para resolver los problemas de la Macrozona  sur más, sin embargo , a pesar de las buenas intenciones de una conversación razonable y, de algún modo, haciéndose cargo de la historia de los pueblos originarios reconociendo sus derechos, pero sin discriminar a unos por sobre los otros(posición que no todos comparten, cuando hay interese involucrados, por cierto) ha resultado ser, lamentablemente, hasta ahora, un “diálogo de sordos” sin interlocutores que acepten dialogar y cuyos resultados es un diálogo inútil que, para ensombrecer más el panorama, se da en el contexto de acciones delictuales de grupos terroristas, cuyos fines y consecuencia son distintas y que no solo están causando destrucción material  que afecta la productividad y el desarrollo, producen temor e inseguridad, afectando tanto la vida psíquica como física producto de la violencia y pérdida bienes materiales que son el esfuerzo de toda una vida de muchas familias. En esta especie de diálogo sometido que intentan establecer las autoridades, obteniendo como respuesta acciones más violenta y destructivas, donde no son  las personas sino las armas las que hablan y donde sus portadores tienen como argumento para someter y lograr sus objetivos  el fuego, la destrucción y el miedo. Así,  la inseguridad y el temor toman cuerpo  y el diálogo es imposible.

Cuando el diálogo no tiene cabida y el terror se impone es cuando el estado de derecho y la justicia tienen que obrar y las autoridades políticas, judiciales y policiales, con el poder que se les ha concedido y la responsabilidad que tienen, deben actuar coordinadamente y en una sola línea, con decisión y firmeza, poniendo fin a los atropellos y atrocidades de organizaciones criminales y narcotraficantes que están sacrificando  la vida de las  personas  y destruyendo la democracia.


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