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Opinión

Día del padre vs CC


 Por Mario Ríos Santander

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No pude dejar de reírme con aquel amigo que me llamaba el pasado domingo a medio día. Era el Día del Padre y efectivamente, hubo llamados diversos saludando y animando. Mi amigo impresionado, levantaba la voz por teléfono, “Fíjate que me han llamado mucho para saludarme. Me han dicho que soy buen padre, otros en el colmo de la amistad que quieren imitarme por el éxito que he tenido con mis hijos y aunque es mérito de mi señora, es cierto, que algo le he puesto yo también”,  comentaba alborozado. “Sin embargo -continuó–, en realidad no tengo mérito de tanta felicitación. No soy indigenista, menos feminista y mucho menos LGTV ista”. Ahí lo interrumpí. Le señalé que el mérito de ser padre no era un asunto que  estuviera relacionado con activismos surgidos del debate de los convencionales. “Es que, tiene que ver”, respondió algo perplejo. “La función de padre, fue borrada en la propuesta de nueva constitución. Y la de madre, simplemente no existe. La familia, ignorada. A mi me borraron. Es como que dijera, coopera con traer chiquillos al mundo que nosotros te los vamos a educar y criar”  Luego, en modo de interrogación preguntó, ”¿Si hay nueva Constitución, valdrá la pena de celebrar el día del padre?  ¿O se cambiará por el día del Estado?  Yo como padre tenía una responsabilidad mayor, orientar y procurar la educación de nuestros hijos. Además se afirmaba que la familia, era el núcleo fundamental de la sociedad,.. ¡¡oye, – exclamó –  éramos más importante que el Presidente. Muy elevado su cargo, pero nunca nadie le dijo que era fundamental como me lo dijeron a mi señora, los hijos…y yo cumpliendo la función de padre!”.

En realidad, mi amigo, transcurría desde la alegría al desconcierto.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, ya había consagrado a la familia como núcleo fundamental de la sociedad.  ¿Y por qué la Convención borraba tal afirmación?  Me puse a investigar.

De partida, esta Declaración de las Naciones Unidas, reunidas para tal efecto en 1948, pocos años después de una guerra absurda, repleta de muertos, países destruidos, sociedades enteras escapando y preparándose otras guerras, Corea, Vietnam, Yemen, África completa y un mundo que concluía profundamente dividido, se había reunido en París para proclamar esta Declaración Universal de los DDHH. Al llamarse a votación, todo el bloque comunista, se retiró de la sala, manifestando de esta forma, su rechazo a tal Declaración. ¿Es que no estaban dispuesto a apoyar a familia, la libertad de vivir, proteger al que está por nacer, educación libre, trabajadores libres, otros? Respuesta: No, no estaban en sus doctrinas la defensa de tales valores. Para ellos, así lo manifestaban, era “solo el Estado, el único conductor del pueblo”. ¿Alguna similitud con la Convención? En realidad, todas. Y mi amigo que estaba lleno de interrogantes, lo expresaba por una razón natural. No tenía idea que estaba frente a un adversario que, en realidad, parecía más enemigo. Pero, su confusión mayor, surgía porque había sido promotor del apruebo en su trabajo con sus amigos. Terminada su llamada, entre humor y confusión, se despedía, “Hasta nunca. Se despide uno de los borrados de Chile…capaz que me ponga indigenista para que me celebren”, una breve risa y cortó.   


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