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Opinión

La calidad de la Educación en el borrador de la Nueva Constitución


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

“La respuesta a la calidad educativa es responder al mundo de hoy”. Monserrat del Pozo.

En el borrador de la propuesta sobre educación en la Nueva Constitución, aprobada por los convencionales, en el Art. 16, se establece que la educación es un proceso de formación y aprendizaje permanente indispensable para el ejercicio de los demás derechos y para las diferentes actividades que se dan en la vida de una sociedad. Teniendo como fin el bien común. El párrafo tercero, declara que “La educación deberá orientarse hacia la calidad entendida como el cumplimiento de los fines y principios establecidos de la educación” y, en el párrafo cuarto, consigna: “La ley establecerá la forma en que estos fines y principios deberán materializarse en condiciones de equidad en las instituciones educativas y los procesos de enseñanza.”
Si bien existe un acercamiento al nunca bien delineado y definido concepto de “calidad” en educación, éste continúa siendo un término escurridizo que queda a la interpretación que los diferentes actores sociales (padres, alumnos, profesores, personas e instituciones que pueblan la sociedad) según se acerque o se aleje a lo que cada cual interprete como calidad, la que siempre está unida al conocimiento, la experiencia, el criterio, la objetividad y la satisfacción de intereses particulares y no siempre a la satisfacción del bien común, como ocurre con la elaboración de la Nueva Constitución, donde los diferentes intereses y visiones ideológicas la califican de buena o mala calidad, la aprueban o la critican, más cuando el bien personal, para algunos, ha sido obtenido y que tiene que ser defendido, sin haber logrado un equilibrio armónico entre las legítimas visiones y derechos de la diversidad social, étnica, cultural y económica.
Lograr que la calidad en educación sea un concepto con un significado más o menos compartido, necesariamente hay que remitirse a los fines y objetivos que la definen y tenerlos siempre presentes en cada una de las actividades de aprendizaje y formación humana que conduzcan a su logro, con especial cuidado con su evaluación, ya que no siempre todos los objetivos son numéricamente mensurables. Y, ese es el dilema cuando no se reflexiona sobre los objetivos que sostienen la educación de calidad, sus alcances e importancia, resultando más fácil medir que evaluar conocimientos, habilidades y destrezas intelectuales, descuidando la formación de capacidades de discernimiento, reflexión, criterio y juicios propios; potenciar las habilidades de comunicación, con capacidad para escuchar, entender y respetar la posición del otro, aunque no se comparta; pensar en forma creativa, original, reflexiva, rigurosa y crítica; capaz de demostrar hábitos de respeto y solidaridad, “con amor a la verdad, la justicia y la belleza”.
Las distintas asignaturas que se imparten en el sistema educativo, sirven no solo para acumular conocimientos, cada una de ellas trae un mensaje formativo valórico que no siempre se aprecia ni se considera. Así, la matemática trae implícito el principio de la verdad, de igualdad y de justicia; las ciencias, el amor por la naturaleza y su cuidado, así como la capacidad de discernir teniendo en cuenta todas las variables y posibilidades que permiten emitir juicios con base científica; la comprensión de los hechos sociales y su impacto en vida humana; la educación artística permite apreciar la armonía y la belleza, así como la sensibilidad humana; el lenguaje, hace comprensible la comunicación y el respeto por la convivencia sana y constructiva. En fin…
Si una educación logra estos atributos, se puede estimar que es de calidad y una educación de calidad habría permitido a todos los convencionales construir más fácilmente, de manera armoniosa, equilibrada y justa, una Carta Magna, que resulte mayoritariamente aceptada y aprobada por una ciudadanía que se sienta, sin discriminación alguna, representada en ella porque contribuye a la construcción de un país y una sociedad más unida y más justa, con acceso a los bienes producto de la civilización y la cultura, viviendo el progreso y el bienestar, producto del esfuerzo de todos, en paz y armonía.


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