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Opinión

El hidrógeno verde matará al carbón y al petróleo para darnos un planeta sano y limpio


 Por Jorge Rivas Figueroa. Administrador Público - Licenciado en Ciencias Políticas

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En septiembre de este año, la última central termoeléctrica de la Región del Biobío deberá dejar de funcionar. El cierre definitivo de Bocamina 2 es parte del ambicioso plan que intenta descarbonizar Chile durante un proceso que terminaría en 2050, pero como se ha proyectado por nuestras autoridades y si todo sale bien, nuestra Huella de Carbono podría ser neutral en 2030 (Carbononeutralidad).

Dentro de este ambicioso plan de descontaminación para evitar la producción de los gases que provocan el calentamiento global (efecto invernadero) se contempla la producción de un “nuevo” combustible, útil para vehículos motorizados y útil para producir, incluso más energía: Hidrógeno Verde, del cual seremos embajadores en la provincia, la región, el país y el mundo.

La relación del ser humano y el hidrógeno como combustible no es nueva y quizás su pasado nos traiga de inmediato a la memoria la conocida “Tragedia del Hindenburg”, cuando 36 personas murieron al estallar el dirigible, presumiblemente por una chispa de electricidad estática que hizo combustión con el hidrógeno, o bien cómo piensan algunos, un sabotaje.

Han pasado casi 100 años de ese hecho y lo cierto es que, como todo durante el Siglo XX, las tecnologías avanzaron con un ritmo tan vertiginoso que hoy, el Hidrógeno Verde, se ha convertido en un combustible que podría cambiar todo en cuanto a la producción de energía.

Las apuestas de nuestro Estado apuntaron a identificar zonas donde la producción de este combustible – que no produce contaminantes  – sea factible y, adivine, en nuestra región se dan todas las condiciones.

Por lo mismo y mientras el Ministerio de Energía, el Ministerio de Educación y el  Ministerio de Medio Ambiente se han unido junto a las universidades, liceos y escuelas; la Corfo hace lo suyo financiando proyectos que permitan producir este combustible a gran escala. Mientras ello ocurre, los niños/as y adolescentes de  Mulchén podrán experimentar este trabajo innovador, gracias al desafío que hemos decidido aceptar, pues seremos embajadores, no solo del Hidrógeno Verde, sino más bien del cuidado del planeta y la sobrevivencia de nuestra especie, porque en eso estamos, asegurando la continuidad del ser humano en la tierra.

Según todos los estudios la producción del H2V no genera CO2, lo que permite ubicarlo como el combustible más limpio de todo el orbe, pero ojo, que esa producción debe ir a la par con estrictos protocolos de seguridad que permitan que “la caloridad” o posibilidad de explosión disminuyan a cero, con el objetivo de evitar accidentes o tragedias como las que se vivieron con el Hindenburg. El futuro del planeta apunta a un combustible que ha sido usado en autos y naves espaciales y ya ha sido demostrado por la transnacional General Motors que los peligros son menores a los que se producen con los combustibles tradicionales, incluso tras choques y colisiones.

Nuestro país ha tomado como una política de Estado el proceso de descarbonización, por eso debemos sumarnos desde la base de nuestra administración, partiendo desde el municipio y los establecimientos educacionales que tengamos a cargo, a objeto de crear sujetos activos que estén buscando lo mejor para nuestro medio ambiente, en definitiva, ciudadanos/as que tengan entre sus prioridades el cuidado del planeta sabiendo que es la forma más simple de asegurar la vida humana.

Así como desaparecerá el carbón, el futuro cercano podría traernos un mundo que se mueva sin petróleo. Uno donde las energías renovables nos permitan entregar  “La Tierra”, a las generaciones venideras, tal como la recibimos nosotros: sana y limpia.


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