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Opinión

¿Fin de los herederos?


 Por Felipe Garrido, jefe de carrera de Trabajo Social UST Los Ángeles

Pierre Bourdieu, sociólogo francés contemporáneo, plasmó una serie de conceptos en las ciencias sociales, estudió varios fenómenos dentro de los ambientes y organizaciones de las que fue participe, en una de sus investigaciones establece que las instituciones de educación superior no estaban cumpliendo con la promesa de movilidad social en Francia, donde la educación superior es mayormente pública y financiada por el Estado. A los protagonistas de este fenómeno Bourdieu denominó los herederos, el nombre refleja la siguiente situación: los hijos de familias de nivel socioeconómico acomodado o alto, cuyos padres son profesionales y, eventualmente, sus abuelos también, mantienen su nivel socioeconómico, contrario a lo que ocurre en el escenario adverso, cuando el nivel socioeconómico de los padres y abuelos es bajo y estos no cuentan con formación universitaria es más difícil que sus hijos o nietos ingresen a la educación superior y/o que logren terminarla de manera exitosa y estos últimos son lo opuesto a los herederos.

Recientemente se publicaron una serie de resultados de una investigación realizada por el Observatorio de Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, quienes estudiaron a las instituciones de educación superior (Universidad; Instituto Profesional y Centro de Formación Técnica) si es que son factores efectivos de movilidad social para sus egresados. Uno de los resultados que se dio a conocer fue cuantos de los egresados de la educación superior, que sus familias pertenecen al primer quintil forman parte actualmente del último quintil y se ordenaron las IES (Instituciones de Educación Superior) de acuerdo con la cantidad de personas que cumplieran con esa condición.

Uno de los puntos más llamativos de los resultados preliminares de esta investigación es que de las quince primeras universidades de este ranking solo una de ellas tiene sede exclusivamente en Santiago y dos de ellas tienen sede en la región metropolitana, pero además tienen sedes fuera de la capital. Otro punto sorpresivo es que solo una de las  universidades tradicionales esta dentro de las quince primeras del listado publicado por el Observatorio de la Universidad Diego Portales.

Lo interesante de los datos antes planteados es que tradicionalmente se podría pensar que las universidades con los primeros puestos en los rankings de calidad podrían aportar en la movilidad social de los estudiantes de los primeros quintiles por la formación que entregan y las redes que se generan, pero al mirar más de cerca el contexto en el cual se establece el ranking de las instituciones de educación superior, ese supuesto no se cumple a cabalidad con los datos entregados, universidades estatales cooptando la mayor parte de los primeros lugares y algunas privadas no tradicionales, pero en su mayoría de regiones.

En el objetivo de algunos de los estudiantes de educación media es acceder a la educación superior y al egresar tener mejores condiciones materiales que las que tuvieron durante esa etapa y mejorar también la de sus entornos familiares, esto probablemente este presente en los estudiantes de primer y segundo quintil y disminuyendo en los siguientes y para ese logro buscan ingresar a aquellas casas de estudio que les permitan lograrlo y que mejor manera de asegurarlo que emigrar a la capital del país, pero de acuerdo con el ranking eso no es tan cierto y los estudiantes para ser parte de la movilidad social no necesariamente recurren a las universidades capitalinas, si no que en regiones se genera un mayor porcentaje estudiantes de primer y segundo quintil que al titularse ascienden al quinto, como lo demuestra el estudio.

En ese escenario la labor que cumplen las universidades en regiones de ampliar y cambiar la composición de lo que Bourdieu llamó los herederos es una buena noticia, teniendo en cuenta como la sociedad chilena actualmente está manifestando, hace un tiempo, la necesidad de cambios estructurales y una mayor demanda de democratización de espacios que tradicionalmente se reservaban para la elite política, económica y social de este país. La movilidad social que tanto se anhela en sociedades desiguales como la chilena, las políticas públicas que apunten a mantener y mejorar los índices de movilidad social deben ser prioridad dentro de las sociedades contemporáneas. Es difícil que los herederos se terminen como grupo en la sociedad chilena, pero al menos los éstos se están ampliando su conformación lo cual va en directa línea con las demandas de la ciudadanía en la actualidad. Por lo tanto, no es el fin de los herederos, pero se evidencian cambios en su composición.


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