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Opinión

El derecho a la Educación e Igualdad de la Educación II Parte

“No sé si la educación puede salvarnos, pero no sé de nada mejor” Jorge Luis Borges.


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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Se afirma y con razón, que la educación es un derecho y no un privilegio que parte de la defensa de la igualdad de oportunidades para todos los niños y niñas y atenta contra la igualdad de la educación que se haya desestimado, por ejemplo, contra toda la evidencia disponible a nivel nacional  e internacional, la obligatoriedad de la educación parvularia, motivadora y socializadora por excelencia, desde el segundo nivel de transición (Kinder). Si todas las personas que “tiran piedras, destrozan e incendian el país hubieran recibido (desde la educación inicial) una buena educación, no estarían hoy haciendo desmanes, sino leyendo, analizando, pensando y aportando al bien común” (El Mercurio, 22/5/2022).

Otra variable que afecta la igualdad educativa y la calidad de la educación que reciben nuestros escolares lo constituye el sistema de evaluación estandarizado que pone al desnudo la desigualdad educativa-formativa de nuestro sistema educacional basado en la competencia y el individualismo, que no considera en todas sus implicancias las profundas diferencias entre las distintas y desiguales calidades educativas a las que tienen posibilidad de acceso los estudiantes chilenos, donde las brechas sociales y culturales de las familias constituyen una barrera que atenta contra la igualdad de la educación que reciben las nuevas generaciones.

Como la inteligencia no es un atributo exclusivo de ninguna clase social, existen ejemplos de estudiantes que se han realizado logrando vencer las limitantes de origen, socioeconómicas y culturales con esfuerzo, dedicación y perseverancia, impulsados por el apoyo familiar y el compromiso profesional de los profesores, que son capaces – cuando se lo proponen- de establecer la diferencia entre los estudiantes que logran tener éxito y aquellos que no lo alcanzan. En esta tarea la acción del Estado no ha estado a la misma altura  del compromiso declarado constitucionalmente de “igualar la cancha” donde se juega la educación que tiene la misión de disminuir las desigualdades y contribuir a edificar un mejor  futuro para todos.

Contribuye a una educación desigual el ambiente escolar poco propicio o acogedor para el aprendizaje,  la metodología rutinaria y esencialmente expositiva, donde “el profesor habla y el alumno escucha”, presionado el profesor por cumplir el programa por lo cual será evaluado; las clases no hechas y no recuperadas, la distante relación profesor-alumno-familia, la insuficiente o nula dotación de recursos materiales y tecnológicos entre una institución escolar y otra.  A lo que se suma el frondoso programa escolar que resulta difícil de ser tratado en el tiempo lectivo que se le asigna y que es interferido por una serie de actividades que los establecimientos realizan y que son propios de la vida escolar y de su relación con la comunidad con la que conviven, existiendo una distancia importante en la consecución de los objetivos que fija el Ministerio del ramo al ser bajados al nivel de escuela o liceo y su tratamiento en la sala de clases donde su trato, en muchas oportunidades, a veces por condiciones de aislamiento regional, ambiental o climatológico, queda reducido al mínimo, hecho que se refleja en los resultados de las evaluaciones nacionales estandarizadas que tensionan a la comunidad escolar cuando sus resultados cuantitativos son comparados entre unos y otros.

Mientras no se resuelvan o se minimicen  los distintos factores que condicionan que el derecho a la educación sea para recibir una educación incompleta y desigual, persistirá la división social y la injusticia y se debilitará la democracia donde los vendedores de verdades inmutables o de sueños personales  impondrán sus condiciones de cómo debe ser la sociedad. Por ello, para una educación en igualdad, siguiendo a Paulo Freire se debe “luchar por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer”.


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