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Opinión

Día Internacional contra la Homofobia, Lesbofobia, Bifobia y Transfobia


 Por (*) Dra. Carmen Claudia Acuña Zúñiga

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Este 17 de mayo, se conmemora el día Internacional contra la homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia como una forma de celebrar que la homosexualidad saliera como enfermedad mental del manual de la Organización Mundial de la Salud en 1990.

Esta fecha quizás, así como otras pasan desapercibidas, no obstante, creemos que es necesario mencionarla como una forma de dar cuenta que hoy la sociedad chilena vive momentos cruciales por su falta de tolerancia y agresividad en sus diferentes formas. Hablar de estos temas en ciertos grupos es aún un desafío, y en otros genera reticencia e incomodidad.

La Homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia hacen alusión a fobias que se traducen en agresiones de tipo físico, pero además en desigualdades profundamente arraigadas, discriminación, discursos de odio y estigmatización que viven las personas por su orientación sexual e identidad de género, pese a que las personas nacemos libres e iguales en dignidad y derechos.

Actualmente existen más de setenta países que criminalizan la homosexualidad y la condenan con penas de prisión e incluso, pena de muerte. En Chile, los datos evidencian un aumento de denuncias de agresiones físicas y/o verbales por este tipo (tal como ocurrió con las violencias de género e intrafamiliar durante la pandemia) y que pueden darse en diferentes contextos como calle, espacios laborales, universitarios, escolares entre otros.

Creemos que esta conmemoración nos invita a reflexionar que este día va más allá de una fecha en especial. Las universidades tienen un deber moral por establecer la inclusión y la no violencia como un elemento fundamental de su quehacer pues se constituyen como un espacio donde confluye la formación de diferentes profesionales; un ejemplo de ello es que, desde la formación inicial docente, el estudiantado siente la necesidad de aprender más en estos temas. El futuro profesorado sabe que hoy los espacios escolares presentan importantes desafíos, y que como profesionales se verán exigidos a entregar orientación, apoyo e incluso defensa de estudiantes, porque no son espacios ausentes de maltratos y agresiones. Esto implica entonces que las universidades deben trabajar en formar profesionales y espacios respetuosos y amables, donde todas las personas puedan desarrollarse integralmente; y donde ningún niño, niña o adolescente se sienta solo, triste o que no encaja, pensando quizás que el suicidio es la única opción posible.

Como adultos tenemos el deber [más allá de nuestras ideas y creencias más personales] de no fomentar discursos de odio, visibilizar que las diferencias no son negativas o peligrosas, que no estamos solos, y que siempre hay una persona que nos puede extender la mano para estar acompañados. No han sido tiempos fáciles para las personas, por ende, el llamado es a contribuir en la generación de espacios saludables y cada vez más equitativos.

(*) Dra. Carmen Claudia Acuña Zúñiga

Socióloga

Académica del Campus Los Ángeles de la Universidad de Concepción

Delegada de la Dirección de Equidad de Género y Diversidad UdeC


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