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Opinión

Para las mujeres y hombres de la política del mañana


 Por Bryan Smith. Cientista Político.

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Uno de los grandes problemas que debe abordar el gobierno del presidente Gabriel Boric, es responder hoy – con las jinetas sobre sus hombros – por las declaraciones, críticas, llamados y exhortaciones políticas destempladas e intransigentes que tanto el cómo las principales caras de su gabinete y coalición sostuvieron en el pasado, cuando desde la vereda del Congreso y la oposición gozaban de la libertad de no gobernar.

Gobernar un país es una tarea tan inmensamente compleja que, francamente, no existe una situación con la cual se pueda comparar con justicia. Por esto, se espera de quienes nos gobiernan, cuenten con vasta experiencia política, competencias técnicas, ideas claras y ampliamente conocidas, pero por sobre todo, un criterio ético que muestre con claridad su nivel de responsabilidad respecto a lo que se dice y se hace.

El camino para lograr alcanzar tan alta sapiencia es largo y requiere de temprano tino, pues antes de consagrarse como un maestro, se hace imperioso el consolidarse como un buen alumno o alumna.

Nadie está libre de equivocarse, pero así también todos somos libres para disculparnos, corregirnos, aprender y enmendar nuestros caminos.

La política requiere de mucha contemplación, pues el buen actuar político se sostiene en el temple, visión de futuro, y justicia con la que actuemos, la que, a su vez, se sostiene sobre una buena observación del plano general y venidero.

Pero existe una etapa del juego político en el que estos pueden mostrar de qué están hechos y que tanto han aprendido en el bagaje por el arte de gobernar, y esta etapa es cuando se es oposición.

En términos generales, existen dos grandes formas de hacer oposición: aquella que es constructiva, la cual canaliza de manera justa los intereses de sus representados hacia el gobierno de turno, buscando construir un mejor país para todos y todas y que, a su vez, funciona como un puntal de equilibrio para la política nacional. También es la que responde con fuerza ante las autarquías y los gobiernos dictatoriales o totalitarios. Por otra parte, están las oposiciones destructivas, que son aquellas que no razonan ni dialogan con el gobierno o la contraparte ideológica, porqué se tiene la fe ciega de que solo derribando al rey se puede llegar al trono o quizás porqué se creen irreconciliablemente equivocadas o erróneas las ideas del otro; o porqué simplemente no existe una real convicción democrática y tantas otras razones desconocidas y por conocer.

Necesitamos política del mejor nivel posible, pues de otro modo los países no superan sus grandes problemáticas, pero por sobre todo, las mujeres y hombres de la política del mañana, deben hacer política de la buena, concienzuda, respetuosa y empática, por el desarrollo humano pero también porque las declaraciones y las acciones pesan… y si le pesan al gobernante, le pesan a los gobernados.

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