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Opinión

¡No vamos a perder la batalla contra la delincuencia, que quede claro!


 Por Jorge Rivas Figueroa. Administrador Público Licenciado en Ciencias Políticas

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Es triste ver como el avance de la violencia, en general, ha ido ganando terreno en desmedro de las relaciones humanas de buena voluntad que tanto se extrañan y que nos llevan a pensar, que sin duda el tiempo pasado en esta materia, realmente era mejor.

No es extraño ver a los adultos hablar con sus hijos respecto de cómo en nuestras comunas, hace al menos 20 años, uno podía dejar la bicicleta afuera de la casa, la mampara abierta y las ventanas sin grandes fierros que pareciera hoy, nos tienen apresados y con miedo, somos los libres apresados que nos protegemos perdiendo libertades en terrenos donde avanza la violencia expresada, esta vez, en delincuencia y ataques cobardes.

Durante este fin de semana, en Mulchén, nos enteramos de un hecho amparado en la violencia que nos ha dejado perplejos: un grupo de hombres atacaron a una persona de la tercera edad que se encontraba sola en su casa, aislada del centro urbano, donde se supone la violencia supera todo acto de racionalidad.

El dato no es menor si retrocedemos hasta el 21 de abril de este año, cuando el subsecretario de Prevención del Delito, del Ministerio del Interior, Eduardo Vergara dijo a la prensa que “”Chile enfrenta el peor momento para la seguridad que ha vivido el país desde el retorno a la democracia”.

Desde siempre el Estado ha mirado la seguridad pública como un derecho y para ello, se ha teorizado desde los orígenes del mismo, respecto de la forma en que se debe mantener un orden claro, reglas y cuerpos normativos completos que dan vida a instituciones estatales que deben asegurar este derecho.

Leyes, policías, gendarmería, tribunales, fiscalía y defensoría son los responsables de asegurar una paz interna que parece comienza a desaparecer, o al menos, eso aparenta.

La falta de una política nacional clara para prevenir los hechos delictuales y la violencia extrema que estos han tomado, es sin duda, una gran de deuda de los gobiernos post dictatoriales y no se trata de apuntar desde el rincón de una ideología, se trata de entender que no hemos sido capaces de controlar la actividad delictual, pasando desde los simples hurtos hasta los grandes ataques que causan terror en nuestras provincias.

Nuestro Estado está fallando y no logra entregar el Derecho a la Seguridad Pública como debiera ser para disminuir no solo la delincuencia en sí, sino que esa desagradable sensación de inseguridad que no tiene otro nombre que miedo.

Existe un intento claro de los gobiernos que administraron el país desde la última década del siglo XX hasta el presente, con intentos concretos como la reforma a las policías y las creaciones de la Fiscalía y Defensoría, pero aún no hay cosecha y parece que la temporada de siembra, de un objetivo tan importante como la paz social, ha pasado o pasó a un segundo plano, dejando hoy a una nación que vive atemorizada. En consecuencia, la delincuencia ha generado diferentes temores y miedos con una alta sensación de inseguridad.

Es importante reconocer, además, que la violencia no solamente viene de un tipo de causas, la violencia es multi causas y en ese sentido hay que atacar diferentes variables y entre ellas está la prevención, la educación y fortalecer los medios correspondientes, desde las policías hasta la fiscalía, en definitiva poder sancionar a las personas que cometen los delitos.

Lo importante y lo que quiero compartir hoy con usted, lector – lectora, es que hay  que trabajar en un plan integral a nivel del Estado para disminuir, no solo la delincuencia, sino también los temores, los miedos y las sensaciones de inseguridad que se generan en todos los territorios, todo a objeto de ser parte de una sociedad tranquila donde prime el respeto mutuo como uno de los pilares básicos para nuestra anhelada y recordada Paz Social.

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