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Opinión

Siempre es bueno recurrir a la memoria


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel
Presidente de la AFDEM Los Ángeles

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Y es que Chile tiene una deuda con un importante número de sus docentes – ¡y una ominosa deuda! – que lleva más de cuarenta años a la fecha, sin que gobierno alguno se haya dignado resolverla en favor de cada uno de los agraviados.
No olvidemos que en este caso, con motivo del traspaso de la educación púbica a las municipalidades – de suyo, entidades inexpertas en gestión de sistemas educativos, tal que lo son hasta hoy en día por sus resultados -, los profesores, a causa de una incomprensible y poco afortunada decisión de los alcaldes designados de la época, dejaron de percibir el reajuste de remuneraciones otorgado a los funcionarios del Estado sin excepción por medio del D.L. 3.551, ello, en la creencia de que los docentes habían perdido, per se, su calidad de funcionarios públicos a causa de un proceso (y de eso qué duda cabe) que tuvo un claro fin como fue la desarticulación vertical y horizontal del poder sindical que tenían los profesores y asistentes de la educación de esos años siendo parte del muy conocido SUTE.
La deuda en referencia – la deuda que nuestro país tiene con sus profesores (que en la actualidad afecta a cerca de 60.000 docentes de los 80.000 que eran y que en promedio alcanza a los $ 90.000.000 por profesional) – ha sido reconocida tanto por los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en nuestro medio, como por la Organización Internacional del Trabajo y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el ámbito internacional, a través de la emisión de informes, recomendaciones y sentencias judiciales en el sentido de que tal impronta debe ser resuelta, sí o sí, en los términos que corresponde para todos los incumbentes.
Aportaciones que, como es sabido, no se han cumplido en ninguno de sus sentidos y alcances para nada, ni para nadie, por una razón muy simple: “los profesores afectados por la deuda en comento no han representado jamás una prioridad para políticos, dirigentes gremiales u otro agente de buena voluntad”, porque en los hechos sus problemas y, por lo tanto, sus demandas, normalmente han sido relegadas, y de manera perversa y contradictoria, a segundos, terceros y hasta enésimos planos por necesidad nadie sabe de quiénes.
Sobre esto último, llama poderosamente la atención – por lo curiosa de la misma – la afirmación que dice: “estuvimos ‘a punto de lograrlo’, colegas”, como si el problema de la Deuda Histórica hubiese sido resuelto para siempre en beneficio de los requirentes. Del mismo que llama la atención también la expresión: “una reparación digna a la Deuda Histórica”, tal que el daño causado desde entonces no hubiera sido lo suficientemente lesivo para quiénes lo han sufrido a diario durante las aludidas cuatro décadas. Del mismo modo que llama la atención la atenuación que declara: “hemos solicitado un mejoramiento a las pensiones y un bono pagadero por una sola vez”, sin especificar montos, olvidando que para dar lugar a una negociación eficaz y en igualdad de condiciones se requieren propuestas muy concretas de los concurrentes concertados con el fin de que se pueda acceder a un término medio que implique, al cabo, una justa solución.
Dicho lo anterior, por cierto, a propósito de esta histórica afrenta causada a los docentes de aquellos años, y aún vigente para desgracia de éstos – no olvidemos que en promedio se están muriendo a diario por lo menos tres de ellos -, es perfectamente atendible la necesidad de contar con una organización con la que hoy no se cuenta en sentido estricto y que sea capaz de representar los intereses de los pedagogos jubilados y, en ese contexto, los propios de los profesores Deuda Histórica, toda vez que el Colegio de Profesores de Chile, atendidos los resultados de sus acciones en cuarenta años, no ha demostrado ser todo lo efectivo y empático que se hubiese querido, dado que el problema sigue ahí – vivito y coleando – como si nunca se hubiera abordado.
(*)
Licenciado en Cs. de la Educación MOE / Magíster en Cs. de la Educación MOE
Especialista en Métodos de Investigación Social y Educacional

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