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Opinión

¿Un nuevo paradigma educativo?


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel
Presidente de la AFDEM Los Ángeles

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Ante la pregunta que da inicio al presente comentario – ¿Un nuevo paradigma educativo en Chile? -, la respuesta no podría ser otra que un “no” rotundo. Y esto, porque si algo tuvo lugar en nuestro medio, eso no fue otra cosa que la adopción de una medida puntual y, por lo demás, excepcional, tal que lo fue la instalación temporal, con propósitos meramente contingentes (o emergentes), de una modalidad sustitutiva de enseñanza (cargada, es claro, de sus propios efectos secundarios) en reemplazo de la archi conocida y, por lo mismo, omnímoda y ubicua modalidad presencial de educación, en respuesta, como fue de suyo evidente, al estado de cosas generado por el COVID – 19.

Sirva señalar, en este caso, que – en sentido amplio – la expresión “paradigma” debe(ría) ser entendida como: “un modelo a seguir para resolver unos determinados problemas o situaciones presentes”; pero también, como una “completa constelación de creencias, valores y técnicas que definen un quehacer en un momento determinado de su historia”, del mismo modo que, más escuetamente, como patrón, ejemplo, molde, ideal; o como canon, norma, regla o práctica.

Asimismo, sirva señalar – ahora en el plano de los denominados paradigmas educativos (de los conductistas, cognoscitivistas, constructivistas y ambientalistas) – que estos se entienden como el modo en que se piensa y comprende el acto docente a ser llevado a efecto en los espacios pedagógicos de que se trate y que en concreto son encauzados a través de modelos contenedores como son el presencial, el telemático y el mixto, donde el primero de ellos ha sido el históricamente practicado en el país.

Desde luego, para hablar de “cambio de paradigma o cambio paradigmático”, ello sólo puede ser posible “a partir de la constatación del fracaso de un modelo en su labor de interpretar – qué duda cabe – determinados aspectos de una realidad particular y servir a la misma en consecuencia”, así que sucedió con el paso del tiempo con la educación municipalizada y sus respectivos sistemas comunales y como se ha venido dando más tarde con su igualmente fuera de contexto y sobreviniente que es la nueva educación pública (NPE) expresada en los Servicios Locales de Educación (SLE) que, al cabo, mantienen o profundizan los problemas de la primera, no siendo lo mismo, por lo tanto, hablar de nuevo paradigma a propósito de la adopción temporal de una modalidad sustitutiva de enseñanza orientada a proteger, como fue que se lo concibió, la salud y la vida de cada uno de los miembros las comunidades escolares de los centros de enseñanza.

Por cierto, sí hubo un cambio de paradigma, aunque sistémico – y en total consonancia con el modelo económico neoliberal ultraísta instalado en Chile desde mediados de los años setenta del siglo pasado –, y por el cual fue desarticulada la educación pública chilena al ser traspasada, para su administración, a las municipalidades en 1981; proceso, éste, que trajo como consecuencia la destrucción del tejido social con la generación de un perverso apartheid educativo que redundó en que los distintos grupos socioeconómicos (estratos altos, medios y vulnerables) terminaron siendo invisibles los unos para los otros – y en un divorcio total – en desmedro, a la postre, de una efectiva integración y de una convivencia social armónica cuya evidente y principal manifestación estuvo en el estallido social del 18 de octubre de 2019, fenómeno – como es de todos conocido – para el que no hubo testigo ausente, ni memoria que no grabase ni dijese que la democracia estuvo a punto de derrumbarse; y todo a causa de las enormes desigualdades imperantes que como sabemos afectaban y siguen afectando a casi dos tercios de anhelantes compatriotas que esperan por justicia social.

Una excepcionalidad llevada a efecto como consecuencia de la pandemia en que derivó el Corona Virus – hablando de modalidad sustitutiva de enseñanza (telemática, una, y a distancia, otras) y de modalidad híbrida o mixta – no puede ser en modo alguno ser entendida como un cambio de paradigma, aunque sí un aprendizaje que lleve a lo mismo.

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