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Opinión

Liderazgos locales: el comienzo de una nueva era


 Por Bryan Smith, Cientista Político
Director de estrategia y desarrollo, Observa Biobío.

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Es un deber de las autoridades sostener planes de desarrollo a largo plazo. La mirada cortoplacista es un cáncer de la administración pública sudamericana.

Los alcaldes y alcaldesas del siglo XXI deben plantearse y resolver preguntas grandes que respondan a las necesidades de la comunidad – comuna – más allá de su periodo de mandato. Para esto se requiere visión de futuro y mucho profesionalismo, pues tan solo lograr avizorar lo que vendrá, es una tarea que le queda grande a mucha gente.

Las preguntas fundamentales son de la misma naturaleza que la gran pregunta “¿Hacia dónde vamos?”, pues también apuntan en esa dirección, con la diferencia de que estás pueden suponer la combinación entre los anhelos, las tendencias, lo posible, lo realizable, el presupuesto preste y presupuesto futuro, concretándose en preguntas como ¿Qué ciudad debemos ser de aquí al año 2030, 40, 50, 60, etc.? Y la respuesta debe responder a la proyección de las problemáticas locales, así también a la matriz productiva, combinada con el pronóstico del cambio climático, el crecimiento demográfico, etc.

Pero también nosotros, la ciudadanía, debemos hacernos cargo de otra pregunta política importante: ¿Qué clase de políticos necesitamos para avanzar hacia un mejor porvenir?, pues de esta respuesta, podría depender todo el ejercicio.

Haciendo el ejercicio de visión de futuro, me atrevo a decir que estamos en la puerta de una era de liderazgos locales potentes, como no hemos visto desde la era de los cabildos (Antes de la Constitución centralista de Portales, 1833). Por eso, los próximos liderazgos, los próximos alcaldes y alcaldesas, deben comenzar a responder a esta corriente.

Antes de elegir, debemos hacernos preguntas importantes y elegir con sabiduría, de otro modo, seguiremos avanzando con la lentitud de los proyectos cortoplacistas, mientras las ciudades modernas, que tienen liderazgos modernos, avanzan con marcha firme hacia una mejor versión de si mismas.

Los tiempos de las canastas familiares deben terminar y debemos dar paso a soluciones inteligentes a las necesidades de algunos integrantes de nuestra comunidad, que realmente mejoren su calidad de vida. Siendo, además, conscientes de que esto no solo depende de la gestión local, sino también de la alta política nacional.

En el presente y hacia el futuro, una ciudad que se respeta, primero: tiene altos niveles de participación; segundo: tiene amplios espacios de participación y no solo las elecciones periódicas; tercero: tiene un plan de desarrollo construido conjuntamente con las organizaciones de la sociedad civil, la participación ciudadana y responden a plazos superiores a la totalidad del mandato potencial de quién ostente el sillón edilicio.

Pero para todo esto, se requieren liderazgos fuertes, con visión de futuro, abiertos al diálogo y muy profesionales, con habilidades blandas fuertes… y no se eligen solos.

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