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Opinión

Estado, ciudades, campos y chilenos sanos


 Por Jorge Rivas Figueroa, alcalde de Mulchén
Vicepresidente AMRBB

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A fines del siglo XIX cuando el imperio de la industrialización estaba en su auge y las ciudades crecían sin respetar lo sagrado ancestral ni lo sagrado natural, el francés Fustel del Coulanges se atrevió a publicar su obra “La ciudad antigua” poniendo en evidencia la difícil convivencia de un ser humano dominado, en el génesis de las urbes, por la necesidad de abrigo y el rápido surgimiento de pensamientos religiosos y políticos que obligaron a regular la convivencia entre los unos y los otros.

Hogar viene de hoguera, de calor y abrigo, pero al poco andar los mandatos divinos y la fuerza de las armas crearon Ciudades Estado bajo el dominio de un rey, de un señor feudal e incluso de Dios.

Esa regulación, pensada con el devenir de los años, apuntó al fortalecimiento de ciudades bajo un concepto de Bien Común que hoy es discutido, pues no consideró el crecimiento de estas bajo un marco regulatorio que se preocupara lisa y llanamente de todo, no solo de quienes eran los virtuosos en el poder.

De esta forma, el crecimiento de la ciudad durante todo el Siglo XX estuvo apegada a un sistema económico que privilegió la producción sobre la calidad de vida, tal como se hizo en los primeros pasos de la ciudad moderna, cuyo origen recuerde está en ciudades Estado tan vigentes como el Vaticano y que en la historia tiene símiles como los feudos y reinos.

Nuestro siglo XXI no está tan lejos de ese auge que se ha vivido desde los orígenes de la ciudad, sin embargo ante una Política de Crecimiento Urbano que data de 2014 (Minvu) mi pensamiento me lleva a la urgencia de exponer el necesario Desarrollo Urbano bajo conceptos de sustentabilidad, amigabilidad con las personas y ordenamiento, todo para lograr la felicidad mientras la clase gobernante trabaja, sin abusos, en lograr el Bien Común.

Desde Mulchén, pensamos en una ciudad que logre reencontrar a la familia, generando espacios que garanticen comunidad, recreación, seguridad y felicidad teniendo nuestra brújula apuntando, por cierto, a las personas mayores, a las personas más desprotegidas y a las más vulnerables. La ciudad debe respetar su base y reconocer la sabiduría de sus ancianos.

Mulchén es, sin duda, una de las urbes más importantes del Biobío y lo cierto es que su extenso territorio rural nos lleva a pensar en un desarrollo donde deben convivir el Desarrollo Urbano, el Desarrollo Rural y el Desarrollo Sustentable de ambos, una trilogía  que obedece a lo local más que lo central y en cuyo debate, a diferencias de las grandes ciudades, solo estamos nosotros, los mandatados a gobernar y nuestros vecinos.

Mulchén debate sobre de Plan de Desarrollo Comunal, en paralelo se discute un Plan Regulador Comunal. Este trabajo fundamentará el Desarrollo de nuestra ciudad de forma democrática y por cierto nos hará parte a cada uno de nosotros de lo que amamos y mientras el primero nos guiará (con su participación) hacia la ciudad que queremos, el segundo nos ayuda a ser conscientes con nuestro entorno, al regular los usos del suelo.

Pensemos en nuestros padres y sus padres, en nuestros hijos y sus hijos. Es nuestra responsabilidad pensar en el Desarrollo Urbano, rural y sustentable y, desde aquí, convertirnos en un ejemplo nacional y por qué no pensar que podemos ser el modelo a seguir por un país que vive cambios, con un territorio que está grave pero sigue vivo y con una clase gobernante que hoy debe cumplir las altas expectativas que implican un Estado sano, con ciudades y campos sanos, en definitiva con chilenos/as sanos/as.

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