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Opinión

Quién gana o pierde con este statu quo


 Por Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel > Presidente de la AFDEM Los Ángeles

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La idea de llevar adelante la instalación de Sistemas de Evaluación y Acompañamiento a la Docencia Directiva y Técnico Pedagógica permanentes, objetivos y sistemáticos en los centros de enseñanza, responde, en los hechos, a toda una multiplicidad de imperativos (éticos y morales) imposibles de ser soslayados; entre otros: 1) dar lugar a una participación docente efectiva en los centros de enseñanza, de conformidad con lo establecido en general y en particular en los Artículos 14° y 15° del DFL N° 1 del 10 de septiembre de 1996; 2) generar los equilibrios internos necesarios (una homeostasis sistémica, como debe ser) tendientes a morigerar las añosas y exacerbadas relaciones de superordinación-subordinación practicados desde la docencia directiva hacia la docencia de aula, que de suyo contradicen en extremo las visiones y conceptos de horizontalización de procesos y trabajo colaborativo que caracterizan y direccionan a la educación del siglo XXI.

Del mismo modo que 3) determinar, con arreglo a los estándares que propone el Marco para la Buena Dirección y el Liderazgo Escolar, la calidad de desempeño que con cada uno de sus actos institucionales evidencian los diversos miembros de los equipos directivos y técnico pedagógicos que conducen el quehacer diario y, por lo tanto, los destinos de los establecimientos educacionales de los Sistema Comunales de Educación de que se trate, atendida la calidad de la enseñanza y de los aprendizajes de los estudiantes a que se quiere llegar como derecho consagrado para estos; 4) dar cabal cumplimiento, mediante procesos de evaluación vinculantes para la toma de decisiones en los niveles sistémicos correspondientes, a lo establecido en el inciso 2° del Artículo 14° e inciso 3° del Artículo 15° del Estatuto Profesional Docente.

Así como 5) favorecer que los asistentes de la educación sean parte del mismo proceso (y con carácter vinculante, al igual que para la docencia de aula), dada su condición de funcionarios privilegiados y claves para el normal funcionamiento de los centros de enseñanza, poseedores, al cabo, de una nítida mirada y clara postura respecto del deber ser, sobre todo del tipo de gestión directiva que tendría que concretarse en los centros educacionales; 6) fortalecer la integración, compromiso y aportaciones de los padres, apoderados y estudiantes (solo con carácter referencial para el caso) en su calidad de beneficiarios indirectos (los primeros) y directos (los segundos) del sistema escolar.

Por último, 7) mejorar, optimizar o replantear los liderazgos directivos y técnico pedagógicos en desarrollo, en el evento de que las evaluaciones realizadas evidenciasen condiciones de gestión, por sus características, opuestas al interés superior de los establecimientos escolares, así como 8) impulsar, en calidad de práctica cotidiana para la generación, organización e intercambio de conocimientos y experiencias exitosas en los planos de la gestión directiva y técnico pedagógica, la investigación científica en educación, atendido lo establecido en el Artículo 8° del del DFL N° 1-10/09/1996 o Estatuto Docente Refundido, tal que se hace, por su parte, en unos cuantos países de Latinoamérica.

El tema de fondo estriba aquí en que hoy por hoy resulta funcional, sistémica y hasta ética y estéticamente insostenible –por el impacto adverso que a través de la docencia de aula pudiese estar manifestando el hecho en comento sobre las expectativas e intereses de los estudiantes y sus familias– el que tanto los directores, como los inspectores generales y jefes técnicos (junto a sus equipos especializados de apoyo), aún permanezcan al margen (como si nada y sin justificación alguna) de tan necesarios procesos de constatación de niveles de calidad funcionaria, obrándose en contra de todo sentido de la lógica, la coherencia y la consistencia que se esperaría del actuar de conjunto del sistema educativo en estos ámbitos del quehacer docente, habida consideración de la validación y legitimación de que deberían ser objeto ante la docencia de aula, dada su condición de líderes.

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