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Opinión

Tener Esperanza

“La esperanza es muy importante porque puede hacer el momento presente más fácil de soportar. Si creemos que el mañana será mejor, podemos sobrellevar la vida actual”. Thich Nhat Hanh.


 Por Alejandro Mege Valdebenito

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Estamos en un momento crucial de nuestra vida republicana cuando en pocos días más tendremos todos (y no solo unos pocos) la oportunidad, el deber  y la responsabilidad de pronunciarnos sobre quién o quiénes serán los conductores de la administración política  del Estado la que, sin duda alguna impactará, de una u otra manera, en la forma de vida que tendremos en los próximos años en nuestro país, aunque para algunos, los más desamparados y menos informados, dicen tener claro que cualquiera sea la forma de vida que venga, su propio existencia no cambiará y continuarán teniendo las mismas limitaciones, carencias y necesidades que las reiteradas promesas de los distintos gobiernos no han capaces de solucionar. Así, cuando uno camina por las calles de la ciudad o se moviliza por ellas, en medio de un tránsito imposible, donde microbuses, buses, autos, camionetas, camiones de reparto, furgones y motos se disputan el poco espacio que queda con los peatones que se cruzan peligrosamente entre ellos, todo este caos que se produce, a pesar del intento de  mejorar la circulación vial en algunas calles con vías segregadas para vehículos y peatones, el problema parece no tener solución a corto plazo por cuanto las calles no solo del centro de la ciudad (es cosa de ver las más que estrechas calles de las poblaciones de la periferia, que se diseñaron pensando que sus modestos habitantes nunca podrían tener un vehículo) son demasiado estrechas para parcelarlas, más cuando el parque automotriz aumenta exponencialmente cada día. Si bien la idea tenía buenas intenciones los efectos producidos hacen necesario su revisión. En este ir y venir ciudadano no se aprecia a simple vista en las personas un mayor interés ni menos preocupación por la elección presidencial, salvo en algunos círculos más informados e interesados o en políticos que han hecho de la actividad  política una profesión o una forma de vida. Las personas que forman largas y sacrificadas filas frente los bancos, cajas de compensación, notarías y farmacias, o invaden los mall, por ejemplo, con absoluta indiferencia con las medidas que la autoridad sanitaria ha establecido para combatir el covid – materia en que nuestra comuna ha destacado negativamente-  el tema político no es tema que les preocupe, como si no tuvieran esperanzas de que las cosas pueden cambiar para mejor, de ahí su ningún interés por la desprestigiada actividad política, más cuando los programas de gobierno de los candidatos, reconocidos como incompletos o equivocados en algunas materias, están siendo remozados y acomodados para contar cada quién  con la suficiente adhesión de los electores que en primera instancia no tuvieron.

En este panorama da la impresión de que a muchos les da lo mismo quien gobierne, de que somos una sociedad sin esperanzas de un futuro más digno y mejor para todos y dejamos que las cosas pasen y que sean otros los que hagan algo para resolver los problemas que nos afligen. Cuando perdemos la esperanza dejamos de involucrarnos con la vida en sociedad y de algún modo renunciamos a ser parte activa de ella. Cuando no se tienen esperanza se cae en el desánimo y la depresión y transmitimos  ese desánimo y ese miedo en los demás. Si tenemos esperanzas que los cambios que deseamos pueden ocurrir debemos intervenir en nuestro círculo en el que nos movemos y,  de manera respetuosa de la posición de los demás, ser parte activa positiva del cambio y votar en las elecciones es una de esos deberes.

En la sociedad polarizada a que hemos llegado hacen falta mujeres y hombres, jóvenes o viejos, que esperan mejores oportunidades de una vida mejor, más digna y en paz, con fortalecido optimismo y esperanza se hagan presente en la vida cívica y se pronuncien sobre el gobierno que consideran debiera ser el que diseñe y conduzca el futuro a que aspiramos. No perdamos la esperanza, la que, al decir del escritor Julio Cortázar, “La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

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