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Opinión

Las primeras instrucciones


 Por Mario Ríos Santander

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Terminada la primera vuelta presidencial, conocido que las fuerzas “de orden” lograban el 50% del Senado y casi lo mismo en la Cámara de Diputados (o más, veremos qué ocurre con el Partido de la Gente), la desesperación fue absoluta, plena y dramática en los comandos de Boric, Meo y Provoste. En este último caso, algo abrupta, Yasna salió corriendo a dar el abrazo correspondiente y anunciar su voto para Boric en la segunda vuelta. Me recordó igual carrera la protagonizada por Radomiro Tomic en 1970, tras el triunfo relativo de Salvador Allende. A su lado, corría también Luis Maira, jefe electoral de Tomic, luego redactor del Estatuto de Garantías y renunciando a la DC, para sumarse al “Cuerpo legislativo de la Revolución” en calidad de, “representante directo de Salvador Allende”. (¿Quiere lo mismo la Provoste con Boric? misterio). El problema es que ya se sabe que ocurre con los Estatutos de Garantía. También con los abrazos abruptos y más grave aún, con la desaparición de los valores cristianos expresados por la DC. La Provoste, ya en solitario, había proclamado su candidatura presidencial, por lo tanto, es normal que ahora, haga lo mismo con Boric. El partido, en términos reales, solo le sirve para asuntos políticos-administrativos de su vida parlamentaria. ¿O le sirve para algo más?  Habrá que preguntarle a Martita Larraechea, esposa de Eduardo Frei, que hasta ahora, nadie se ha preocupado de él ni de ella. Mala cosa. El hombre mas votado en la DC, más que su padre, tendrá que opinar… o puede que sea más inteligente que Ricardo Lagos y se quede callado… puede ser.

Pero, ya lo decíamos, el “desorden mental”, (en la izquierda se produce este fenómeno cuando los hacen despertar de sus sueños imposibles), se hizo presente y el debate surgió inmediatamente. Algunos, miraban de reojo a Jadue, otros tantos se molestaron con la sensualidad de las comunistas, estaban fuera de tono. Lucían labios rojos, peinados esplendorosos y ropa para la ocasión, momentos de triunfo y algarabía. La revolución comenzaba. Si bien, Boric, se las había arreglado para aparecer encabezando la demolición de Chile, en todo aquello referido al maldito orden, seguridad, libertad, desarrollo, familia, historia, Patria, y todo cuanto oliera a esto de la “institucionalidad” de Chile, no era verdad que seguiría en el mismo lugar. Razones habían muchas, pero la más importante es que al igual que la derecha, ellos, los PC tampoco le creen nada  Boric. Basta recordar la amenaza de Jadue, (que debemos reconocerle, siempre dice verdades), “basta que se mueva un milímetro del programa y las verá con los comunistas”. En la pieza del lado, en completa comunión revolucionaria, se encontraban los convencionales. Algunos vestidos de occidentales, otros con ropas indígenas. La algarabía es la misma. Un señor Stingo, gritaba como loco, (¿recuerdan a “Alaraco” ese personaje de Japening con Ja?), “no hay que oír nada de nadie, solo nosotros y solo nosotros, no olvidar!”.

Hasta que se abrió la primera mesa. “Alaraco”, seguía gritando, pero solo. No se había dado cuenta de nada. Removía a la Sra. Elisa Loncón, “¡Ríase señora, cante, esto es todo nuestro y Ud. Mapuche, será la reconstructora de Chile… o el nombre que le pongamos a este país… pero no se quede callada!”. Ella lo miró, “vea este resultado en mi tierra mapuche, nos triplican Sr. Stingo… y ud no grite más”. Stingo, siguió igual. No tenía otra opción. Y lo peor, formaba parte del equipo convencional que fue al final del día, la perdición de Boric y de toda la izquierda chilena.

Mario Ríos Santander

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