lee nuestra edición impresa

Opinión

No es más que cosa de buena voluntad


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel
Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

Es de suyo claro que toda apreciación que se pueda tener acerca de la calidad de la gestión institucional en un centro de enseñanza siempre será sesgada e incompleta si de los tres tipos docentes existentes al interior de los mismos el único evaluado es el propiamente áulico; y sea que este proceso se haga efectivo a partir del Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño Profesional Docente (que estos profesionales deben enfrentar y resolver cada cuatro años), o como consecuencia de las facultades con las que cuentan los directores de establecimientos educacionales consignadas en los Artículos 7° y 7° bis de la Ley 19.070 o Estatuto Docente, o por medio de ambos a la vez, tal que también sucede en la actualidad.
Sobre este particular, recuérdese (o téngase en cuenta, en el evento de que no se conociese esta realidad) que en un centro educativo coexisten – y complementariamente, como lo hemos sostenido en más de alguna oportunidad, porque ninguno se justifica por sí mismo, sino que en relación con los demás pares diferenciados en función de un objetivo común como es la formación y desarrollo de los aprendientes bajo su responsabilidad – los denominados docentes directivos (directores e inspectores generales), los docentes técnico pedagógicos (los jefes técnicos con sus equipos de especialistas de apoyo) y los docentes de aula propiamente tales (los generalistas multidisciplinares, que sirven todas o casi todas las disciplinas consideradas en los planes y programas de estudio, hoy llamados bases curriculares, y los disciplinares generalistas o de asignaturas como es sabido), resultando, a la postre, por lo menos curioso que nada más sean los enseñantes de aula los únicos docentes afectos a una evaluación de su desempeño académico, en circunstancias que la calidad y profundidad de su quehacer profesional va a estar, y está, directa y necesariamente mediatizada por la calidad del liderazgo institucional y pedagógico que puedan ejercer y ejercen tanto los directores, como los inspectores generales y los jefes técnicos en cada uno de los mismos.
Atendido este contradictorio hecho, que en sustancia no es otra cosa que una muy poco entendible negligencia del sistema escolar (con muchos y silenciosos responsables de este estado de cosas en distintos niveles del mismo que miran para el techo cuando se sienten interpelados) en el sentido de que sobre la docencia de aula se sabe todo lo que sea preciso conocer de conformidad con las disposiciones legales vigentes relacionadas con el imperativo de justipreciar su ejercicio profesional in situ (y esto, tanto por parte de las autoridades públicas, como el lado de sus pares de profesión, asistentes de la educación, educandos y padres y apoderados, entre otros agentes educativos) contra lo absolutamente nada que se conoce – porque de verdad no existe evidencia empírica que dé cuenta de su presencia – sobre el quehacer de los docentes directivos y docentes técnico pedagógicos donde sea que estén desempeñando sus funciones; hecho que obra, por cierto, en franco desmedro de la homeostasis institucional, y a nivel docente, que debe darse en los centros educacionales para beneficio de las poblaciones de educandos en atención.
Sin perjuicio de lo anterior, bueno es hacerse cargo de que la normativa vigente sí contempla una evaluación para los docentes directivos y los docentes técnico pedagógicos en los establecimientos de enseñanza, toda vez que en los Artículos 14°, inciso segundo, y 15°, inciso tercero, de la Lel 19.070 o Estatuto de los Profesionales de la Educación se dispone que los profesores evaluarán la gestión de los directores, la del equipo directivo y el funcionamiento general del colegio, siendo cosa de buena voluntad el ponerla en funcionamiento.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes