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Opinión

Hasta la marraqueta está inflada: una reflexión sobre el proceso inflacionario


 Por Jorge Rivas Figueroa, Alcalde de Mulchén, Vicepresidente AMRBB

Jorge Rivas, alcalde de Mulchén


Las crisis social que llegó a su punto más álgido con el Estallido Social y la posterior pandemia han marcado a Chile de una manera especial, pues pese a todo, nuestra patria aparece en el concierto internacional como uno de los países que recuperará la fortaleza de su economía en el menor plazo, comparado claramente, con los otros países de nuestro continente.
Si bien, cifras como las del crecimiento parecen auspiciosas, lo cierto es que se comparan con el año anterior, cuando la producción estaba fuertemente golpeada por el Covid – 19 y en consecuencia, todo lo que se haga 12 meses después será notoriamente escandaloso y la cifra del 15,6% correspondiente a septiembre será manipulada hasta convencer a los chilenos que las cosas están bien.
En cuanto al empleo, la situación es la misma y el mercado del trabajo debiera tender a la estabilidad, mucho más allá del argumento que dice que el chileno/a no quiere trabajar por culpa de los bonos.
Industrias que sostienen al país como la minera y la forestal no han visto mermadas sus producciones y con los cuidados sanitarios correspondientes, mantienen a nuestro país entre los estados que saldrán bien parados cuando la humanidad logre controlar al Covid.
Con las cifras macroeconómicas en buen pie, uno podría pensar que las cosas a nivel de hogares anda bien, pero lo cierto que la realidad es otra y con el fin de los bonos a la vuelta de la esquina, los pobres de este país ya no podrán comprar nada, porque el precio de la canasta que define el Índice de Precios al Consumidor se disparó, pero los sueldos no.
Sin ánimos de explicar si los retiros del 10% han sido positivos o negativos, lo cierto es que han tocado la economía y con ello han dado un fuerte golpe al IPC.
Se entiende por inflación, según la academia, al proceso de devaluación de una moneda producto del aumento de circulante en la economía.
Traducido, significa que más bonos y el retiro de partes de los fondos previsionales han provocado que nuestro peso tenga menor valor en el mercado, eso hace que las cosas suban de precio y pese a ello, se siguen comprando.
En paralelo y más allá de que los costos de producción no justifiquen el alza de las materias esenciales para la vida humana, lo cierto es que hasta nosotros mismos nos hemos aumentado los valores de todo y un claro ejemplo de eso es como han subido los precios de los autos usados.
Con todo, la inflación acumulada en los últimos 12 meses está ya en un 5,3 por ciento.
Para tener mayor certeza del aumento de la “Canasta Familiar” que utiliza el Instituto Nacional de Estadísticas cabe recordar que en 2021 la inflación ya va en 4,4 por ciento y que todo, de acuerdo a la tendencia, sigue subiendo.
Está claro que el modelo capitalista de una economía de libre mercado ha creado necesidades que no se condicen que las necesidades básicas, sino más bien con un consumo que obedece a él, parece ser que aún no existe conciencia que la felicidad no está en las cosas prescindibles, que no está en el dinero.
Este gobierno no regulará la inflación, tampoco se preocupará del problema que viviremos los chilenos en los próximos años, eso queda para su sucesor, el que debiera ser de centro izquierda para nivelar las desigualdades económicas que se acrecentaron bajo el mandato de Sebastián Piñera.

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