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Opinión

Crisis hídrica y el rol municipal


 Por Robinson Sáez L. Magíster especialista del Centro Regional de Estudios Ambientales de UCSC

Robinson Saez

Las municipalidades son aquellas instituciones públicas que reciben los beneficios del Estado habitualmente al final de cada proceso, pero paradójicamente son ellas las que deben dar respuesta a las necesidades más inmediatas de los ciudadanos. Cabe recordar que entre los años 1990 y 2000 fueron estas entidades pieza primordial en disminuir la gran brecha existente en el país de agua potable y saneamiento a través de los APR y los saneamientos sanitarios con los Programas de Mejoramiento de Barrio o PMB, donde lograron importantes coberturas a nivel urbano y rural superando el 95%, dejando solamente relegadas aquellas zonas desconcentradas en comunas rurales más aisladas del país.

Pero cuando ya creíamos que el trabajo estaba hecho en cobertura, comienza uno de los mayores desafíos que deben enfrentar los gobiernos locales: los efectos del cambio climático y su expresión más dolorosa en las comunidades, que es “la falta de agua”. Ya son más de 200 las comunas a nivel nacional que enfrentan hoy una declaración de emergencia agrícola por escasez hídrica. Los más de 10 años de megasequía no han pasado inadvertidos en el territorio. La desertificación, la falta de agua para consumo humano y animal, y los cambios en los cultivos a partir de los efectos climáticos nos demuestran lo que la Fundación Amulen señaló en 2020: en Chile existen pobres de agua, llegando estos a un 47,2% de la población rural nacional.

Por ello, la emergencia hídrica nos obliga a mirar de manera integral la gestión hídrica vinculada a las cuencas, en donde convergen varias comunas en torno al vital elemento. Los gobiernos locales, por ende, son fundamentales en el diseño de políticas y soluciones. Hoy las autoridades locales tienen claro que seguir gastando miles de millones de pesos en camiones aljibes no es la solución más óptima, sin embargo, se ven obligados a seguir con ella por la necesidad urgente de abastecer, teniendo claro además que las nuevas tecnologías en reúso de aguas, en acumulación de aguas lluvias, de soluciones basadas en la naturaleza y distribución eficiente del recurso no llega de manera oportuna a sus territorios, quedando solo en las comunas más concentradas.

Por esa razón, trabajar asociativamente con otras municipalidades, potenciar las asociaciones de municipalidades existentes, gestionar el agua con todos los actores de la cuenca sentados en la mesa, acceder a nuevas tecnologías e invertir en I+D+i junto a universidades locales, parece ser una prioridad para enfrentar los difíciles momentos que se avecinan. Confiemos entonces, con esperanza, que nuestras autoridades locales sepan entender su rol en la crisis hídrica y puedan buscar alianzas y colaboraciones con todos los actores públicos y privados que quieran aportar en una de las mayores crisis que enfrentan los territorios comunales desde sus inicios.

Robinson Sáez L.

Magíster especialista del Centro Regional de Estudios Ambientales de UCSC

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