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Opinión

Algo está ocurriendo en América del sur…


 Por Mario Ríos Santander

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América, en un nivel con algo de menos cultura, hace las cosas iguales que Europa. Si hay guerra en alguno de sus países, se meten todos, mueren millones, y luego se reúnen en alguna conferencia, se ponen de acuerdo, firman decenas de tratados de paz y todo listo, a esperar otros años otra vez para un nuevo conflicto y, de paso, incrementar la migración hacia América.

Ahora parece que están más tranquilos, más pacientes, con mejores líderes.

América no, viene detrás.

Cúcuta, que fue un viaje absolutamente inútil, casi grotesco, tuvo una pretensión: transformar a uno de los presentes en líder latinoamericano de la libertad. Fue al revés. No resultó, y más, viene un “chasco” de proporciones. Sin embargo, de un hecho absurdo comienza a surgir la naturaleza de las verdades.

En los sesenta, la revolución cubana fue un referente de socialistas, comunistas y demases. La quisieron imitar y crearon decenas de frentes revolucionarios. Todos fracasados. Hoy no vive ninguno, salvo el cubano que se mantiene como un Parque Jurásico viviente. En la actualidad, Chávez, bolivariano, al revés, repleto de dólares, influye en líderes políticos, de la misma izquierda, como es tradicional, para “exportar” su revolución con apellido (…“del Siglo XXI”). Algunos de sus aliados chilenos se llenan de plata, según el último informe de corrupción criolla (aparece el senador Navarro con millones de dólares en cuentas diversas), y al igual que la cubana, otros tantos millones de venezolanos arrancando a cualquier parte.

Sin embargo, hoy aparece una figura nueva, Guillermo Lasso, el Presidente ecuatoriano, que anuncia la creación de un cuerpo especial destinado, únicamente, a “defender las fuerzas policiales en su quehacer profesional”. El problema de la seguridad se extiende en América y, junto a ello, la necesidad de defender a los policías y uniformados. Razón: se ha extendido un “combate” callejero, también de zonas rurales, cuyo adversario se encuentra en otra parte.

Son los que “meten miedo”, juegan con la estabilidad familiar del carabinero, no lo dejan actuar. La fuerza, determinada en el uso de la paz, se transforma en un problema. Nadie la quiere. Ni los que están en contra de ella, ni los que están a su favor. Se ha desatado el conflicto y el ecuatoriano ya se dio cuenta. Para cuidar Ecuador necesitó policías actuando y, para ello, el mejor pertrecho, quién sabe si no es un chaleco antibala, sino que un organismo que los defienda adecuadamente y sus familias no sufran del despojo político que se les viene encima.

El equipo de apoyo de Manuel Ríos redactó un documento en que manifiesta que “las municipalidades tienen potestad y obligación de ser defensoras de la policía”. Tal afirmación surge de la responsabilidad “esencial” de elaborar y ejecutar el Plan de Seguridad Comunal, función que les es propia. No es necesario lo hecho por Ecuador. En Chile, el alcalde está dotado de tal potestad. Una buena noticia. El documento en cuestión ha comenzado a repartirse para el análisis municipal. América comienza a defender a sus policías. Esperamos que en Chile los municipios se hagan cargo de ello.

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