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Opinión

Solo “el tonto del pueblo” manipula las redes sociales


 Por Jorge Rivas Figueroa, alcalde de Mulchén. Vicepresidente AMRBB.

Jorge Rivas, alcalde de Mulchén

Durante los últimos años –incluida la pandemia–, la producción informativa sin control me ha hecho retroceder en el tiempo para dejar de lado lo digital y así recordar la solemnidad de abrir un libro. Respeto para leer, respeto del autor hacia mí, es decir: “Respeto mutuo”. La democratización de una producción informativa responsable, que provoque al pensamiento del otro casi como en una cadena de reacciones intelectuales, sucumbe ante una creación irresponsable. En las manos de los humanos del presente queda claro cómo asesinar la utilidad de herramientas comunicacionales tan importantes como las redes sociales, dando vida a cuerpos mutantes cargados de agresiones, mentiras y malas intenciones.
Desde hace un tiempo que vengo observando el uso de las redes sociales por parte del mundo político y he percibido que muchos utilizan las herramientas digitales para entregar datos parciales, manipulando hechos con el arte de la redacción, casi como ese sofista (peyorativo) que la razón ha logrado aborrecer a través el tiempo.
La demagogia basa su actuar, para efectos de este texto, en el concepto del “sofista”, y así como el griego clásico dominó y encantó manipulando el discurso para lograr un objetivo, hoy se logran otros objetivos con mentiras, entregando información parcial y, por cierto, manipulando las carencias de una sociedad que se ha mantenido en la ignorancia como consecuencia de la falta de educación y por sus erróneas interpretaciones de lo que implica tener un pensamiento crítico.
Así, el pensador Jürgen Habermas expresó su amor a la humanidad con la esperanza de que esta, de una vez por todas, dejara de ser autodestructiva y entendiera que el manejo de las redes sociales debe superar procesos, si se quiere etapas, tal como la palabra escrita que, luego de nacer como idea, creó un consenso para tomar forma.
“Es posible que con el tiempo aprendamos a manejar las redes sociales civilizadamente”, dice Habermas con una postura completamente opuesta a otro grande, Humberto Eco.
A diferencia del alemán, el italiano es “apocalíptico” en sus palabras hacia el ser humano y el uso de redes, pues sin pudor explica que un “necio” tiene el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Así, el anonimato que brindan las redes sociales es el gran punto del que debemos protegernos, del que debemos proteger a nuestras democracias y a nuestros iguales.
La demagogia expuesta en redes sociales y la necesidad de publicarlo todo sin medir consecuencias o daños a nuestras vidas e instituciones supera la lógica, la razón y el Bien Común que hemos jurado proteger como servidores públicos.
El “tonto del pueblo”, dice Eco al diario La Estampa en junio de 2015, no puede ser más importante que la información que nos han dado los ganadores del Nobel de la Paz 2021, María Ressa y Dmitry Muratov, los periodistas independientes que han luchado por la libertad de expresión en Filipinas y Rusia.
Pero si se trata de concluir dejando claridad, lo cierto es que lo que he expresado se resume con una cita de Humberto Maturana que da cuenta del momento que vivimos y de cómo la mala utilización de las redes sociales genera odio, poniendo como norte la oposición de los unos con los otros o en la apuesta de los arrogantes que intentan imponer sus verdades usando la violencia de la palabra. Descanso en el Premio Nacional de Ciencia y cito: “Estamos muy limitados en nuestra disposición a colaborar. Y el colaborar no se hace entre especialistas, entre los dueños de la verdad, entre relaciones de autoridad, sino en el mutuo respeto” (La Nación Domingo, 20 septiembre, 2009).

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