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Opinión

¿Qué pensamos cuando hablamos de Salud Mental?


 Por Gilda Parragué Migone Enfermera Diplomada en Salud Mental miembro Colegio de Enfermera de Chile A.G.

GILDA PARRAGUÉ

El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental; por lo mismo, ¿qué pensamos cuando hablamos de Salud Mental? La Organización Mundial de la Salud (OMS) planteó el eslogan “No hay salud sin Salud Mental”; de esta forma se considera la Salud Mental como un aspecto primordial del bienestar y del desarrollo de los individuos y de todas las comunidades. La Salud Mental es una parte integral de la salud general de todas las personas, es mucho más que la ausencia de un trastorno mental.

Durante 2020, la ansiedad fue una de las palabras más buscadas en Google.  No solo estamos viviendo una pandemia sanitaria en Chile, sino que también económica y de salud mental, por el aumento del consumo perjudicial de sustancias (alcohol y otras drogas), episodios depresivos y trastornos ansiosos, entre otros, lo que sumado al confinamiento y la incertidumbre, han provocado serias afecciones en la salud mental de muchas personas.

La salud mental está determinada por múltiples factores: psicológicos, sociales y biológicos. Las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo conocido para la salud mental de las comunidades. El deterioro de la salud mental se asocia con los cambios sociales rápidos, las condiciones de trabajo estresantes, la discriminación, la exclusión social, los estilos de vida poco saludables, los riesgos de violencia, la mala salud física y las violaciones de los derechos humanos. También existen factores de personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a ciertos trastornos mentales. De igual forma, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico como los factores genéticos o los desequilibrios bioquímicos a nivel cerebral.

La salud mental se relaciona con el bienestar, capacidad, funcionamiento y contribución a la sociedad. Por lo que la invitación es a cuidar nuestra salud mental, hacernos conscientes de lo que sentimos y pensamos. Empezar por validar nuestras emociones y sentimientos y facilitar su expresión. Las emociones son siempre válidas y tienen sentido, no surgen de la nada, hay algo que las precipita (una situación o un evento que funciona como disparador). Este estímulo es captado e interpretado por nuestro cerebro, esta interpretación subjetiva generará en nosotros una emoción acorde al suceso que experimentamos.

Validar nuestras emociones significa aceptarlas, entender que son comprensibles y que tienen sentido dentro de un contexto personal. Por lo tanto, no todos reaccionamos de igual manera ante una misma situación, pero no por ello la emoción del otro es menos válida que la nuestra.  Todas las emociones son válidas y tienen sentido ya que son experiencias que responden a historias individuales, por lo que todas las emociones y/o sentimientos merecen comprensión y respeto.

La otra invitación es a visibilizar las alteraciones de la esfera de la salud mental y terminar con el estigma y la discriminación; si en la familia o en nuestro círculo social, nadie habla de abuso de sustancias, depresión, esquizofrenia u otras alteraciones mentales, se mantiene la ilusión de que el problema no existe.

Por razones de estigma, las personas con trastornos mentales no son escuchadas y con frecuencia no se sienten incluidos en la sociedad. Por lo mismo, la invitación es a informarse, aprender sobre los trastornos de salud mental y eliminar los prejuicios, estigmas y discriminación asociada.

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