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Opinión

Brechas de aprendizaje: el otro legado pandémico


 Por Roger Sepúlveda Carrasco, Rector Universidad Santo Tomás. Región del Biobío

021 Rector Santo Tomás Los Ángeles, Roger Sepúlveda

Tanto en la política pública como en los programas de los “presidenciables”, se ve reflejada una preocupación por asumir las consecuencias que esta pandemia ha acarreado, fundamentalmente en materia económica, necesarios y urgentes, por cierto. Sin embargo, hay otro legado muy negativo del que hasta ahora poco se ha hablado; los problemas de aprendizaje y las alarmantes brechas que en la educación en Chile se han verificado producto de este escenario, esto tanto en el nivel escolar como secundario, donde muchas de ellas serán, lamentablemente, irrecuperables.

Un estudio del Mineduc de 2020 respecto a los aprendizajes alcanzados durante la pandemia, arrojó que alrededor de un 88% de este se perdió, o sea, se alcanzó menos de un 20% de los objetivos de aprendizaje establecidos inicialmente. Ahora bien, en el quintil de ingresos más bajos la pérdida de aprendizaje llegó hasta un 95%, vale decir, es como si no hubiesen progresado nada académicamente en el año. Asimismo, en los sectores de mayores ingresos, el quintil cinco, la pérdida es de un 64%, o sea, a pesar contar con mayores recursos económicos la pérdida de aprendizajes les afectó de manera importante.

Asimismo, este 2021 se conocieron los resultados de una evaluación diagnóstica aplicada a inicios de este año por la Agencia de Calidad de la Educación, que buscó medir los aprendizajes alcanzados por estudiantes de educación básica y media en lectura y matemáticas durante 2020, que reveló bajos niveles de logro en ambas áreas, particularmente en estudiantes de enseñanza media, con resultados que, de convertirse a una calificación, serían inferiores a una nota 4,0. Esta brecha se verá prontamente reflejada en los resultados de la Prueba de Transición Universitaria y posteriormente en los desempeños de los estudiantes en las universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica.

De esta forma, para la educación superior el desafío será doble, pues por un lado se deben asumir -y ya lo estamos haciendo- el disminuir los vacíos actuales de aprendizaje. Pero por otro lado, debemos entender que los estudiantes que accedan desde 2022 a la educación terciaria vendrán con estas brechas, por lo que habrá que implementar todas las estrategias y medidas de nivelación que sean necesarias. En conclusión, este es un tema país y que va más allá de toda discusión política vigente.

A su vez, desde el mundo de las políticas públicas esto debe ser abordado, generando líneas de ayuda para que los estudiantes en los próximos años puedan recibir mayores apoyos académicos y socioemocionales. La tarea es entonces no preocuparnos, sino que ocuparnos por establecer políticas urgentes de apoyo que nos permitan también “normalizar” la actividad educacional en Chile, un desafío país del que nadie puede restarse.

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