suscríbete al boletín diario

Opinión

La importancia de las emociones en alumnos y profesores


 Por Alejandro Mege Valdebenito

ALEJANDRO-MEGE

(II Parte)

  “Hombre, pueblo, nación, Estado, todo, todo está en los humildes bancos de la escuela”.

Domingo Faustino Sarmiento

La premisa pedagógica “la letra con sangre entra”, de la cual nos acordamos no pocos estudiantes de épocas pasadas y no de tantos años (en el presente, de cuando en cuando, se conocen casos similares, en especial en hogares de menores) ha sido el método aplicado durante mucho tiempo en los sistemas educativos del mundo para que los estudiantes aprendieran a cómo fuera lugar, que era el objetivo que caracterizaba a la escuela racional y anti emocional que primó desde sus orígenes y que era vista “como el camino del progreso y la felicidad”, cuando durante el siglo XIX se pensaba que el aprendizaje era solo un proceso cognitivo y que, para lograrlo, había que controlar “el tiempo, la mente, el cuerpo y se intentaba controlar las emociones”; es decir, todo cuanto distrajera al alumno no solo de la tarea de aprender sino que, también, lo que debe o no debe hacer y para ello se usaba los premios y castigos para someter a los alumnos a la voluntad de las autoridades, que son las que “saben” y los alumnos los que “no saben”, cuestión que era irrefutable.

La educación emocional es un proceso sistemático con la finalidad de desarrollar las competencias emocionales como un factor esencial en la formación equilibrada de la personalidad de cada individuo en lo intelectual, moral, físico, social, etcétera y que contribuyen de manera decisiva en su desarrollo cognitivo. La educación emocional reconoce en cada individuo  al “ser persona”, caracterizado por el uso de la razón, la libertad, la voluntad y el sentimiento cuando cada cual define responsablemente su propio camino, con sentido comunitario y solidario.

Diversas investigaciones han dejado en evidencia que lo que permitía el mejor aprendizaje de los alumnos era consecuencias del plano emocional, especialmente por el clima emocional en el aula como producto de la relación que se establece entre el profesor y los alumnos y entre los alumnos, situación creadora de un ambiente propicio para el aprendizaje, siendo ampliamente reconocido hoy que no existe aprendizaje fuera del espacio emocional. (J. Casassus).

En la práctica educativa del día a día la educación emocional se hace cada vez más necesaria,  en el desarrollo de habilidades de autoconocimiento, autocontrol, empatía, comunicación, tarea para la cual se requiere de profesores emocionalmente habilitados por cuanto en la creación de un clima de aula propicio para la formación integral del estudiante, la actuación del profesor impactará positivamente en el proceso de aprender y enseñar y contribuirá a desactivar conductas violentas, la indisciplina, la discriminación y la intolerancia, siendo un factor importante de aprendizaje y socialización. Cuando el profesor está en condiciones de demostrar y verbalizar sus propias emociones, junto con ampliar el vocabulario emocional de los niños, está dando el ejemplo para que el niño pueda reconocer las suyas, “identificarlas, manejarlas, expresarlas y controlarlas”. Los mensajes verbales y corporales que el docente muestra en la sala de clases son muy importantes puesto que aquello genera de manera instintiva una respuesta emocional de parte del alumno. El vínculo emocional ocurre cuando el profesor es capaz de “interpretar los pensamientos internos, comprensiones, emociones y de deseos de los niños a partir de pistas indirectas tales como actitudes, gestos, expresiones y lenguaje corporal” (M. Van Manen).

Sin embargo, el profesor aún con conocimientos sólidos de la asignatura que enseña y relacionarse afectivamente con sus alumnos no puede perder la capacidad de regular y normar las relaciones en el aula para no llegar a una actitud de sobreprotección o de abandono de la tarea que le compete la que no puede abandonar, más cuando el factor emocional debidamente reconocido y asumido conduce al reconocimiento de la  responsabilidad que tiene el profesor en lo profesional y humano, como el alumno con su propia educación, así  como en su formación como persona  y el fortalecimiento de su ser emocional.

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes