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Opinión

Llamado a los legisladores


 Por Miguel Pezoa Reyes, Presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Los Ángeles A.G.


Sensatez. Dícese de “la cualidad que tienen las personas que muestran buen juicio, prudencia y madurez en sus actos y decisiones”. Lo anterior aplica para quienes son ciudadanos de a pie, como para aquellos que tenemos algún grado de responsabilidad a cargo de instituciones y, más aún, si hablamos de servidores públicos, cualquiera sea su rango.
Sin embargo, esta cualidad se encuentra debilitada en el actual momento que vive nuestro país y, prueba de ello, es el hecho de que decisiones de profundo impacto y alcance, cuyos efectos van muchísimo más allá del corto plazo, estén siendo tomadas al fragor de la contingencia y con calculadora electoral en mano. A juicio de nuestro sector, se trata de un grave error. Peor aún si se hace a sabiendas, como es el caso de muchos que están decididos a desatar el caos merced de un cuarto retiro del fondo de pensiones, el que desestabilizará la economía de todos, independiente de que usted saque o no lo que le correspondería.
Participar apoyando una iniciativa de esta naturaleza tiene su representación más gráfica y certera en el disparo a los pies, acto tan propio de quien acomete una acción fuera de toda lógica. Y es que hoy, cuando las condiciones de nuestro país han cambiado, cuando el consumo y la liquidez no corren, sino que galopan en el mismo caballo haciendo florecer al comercio, restaurantes y otros rubros, al compás de la mismísima llegada de la primavera, no parece sensato, razonable, pertinente o adecuado dejar en tal mal pie a nuestro país. Incluso, una de las cartas presidenciales cercana a la línea de pensamiento de sus gestores ya ha desestimado hacer uso de este recurso sin antes estimar su efecto en la economía.
Precisamente, es este ámbito el que en esta oportunidad debiera dominar la discusión, incluso por el hecho de aunar los cálculos de especialistas de distintas corrientes políticas. Un cuarto retiro, en efecto, vendría a acortar los ciclos de alza en la tasa de interés y a favorecer la instalación de una inflación de tipo permanente, justo en el minuto exacto en que la discusión es si el alza de los precios que vivimos en la actualidad obedece a un fenómeno que llegó para quedarse.
Con un cuarto retiro sobre la mesa, poco espacio queda para la discusión, porque estaría poniéndose una lápida al sistema e iniciándose un nuevo esquema en el ámbito crediticio y de inversiones en nuestro país. Especialistas estiman que sería tal el grado al mercado de capitales, que Chile no tendrá un ahorro a largo plazo. Es más, con ahorros más limitados, nuestro país se ha expuesto a que el dinero que le presten sea a una mayor tasa y, por lo tanto, ello afecta en todas las escalas posibles. De este modo, las familias chilenas seremos las más perjudicadas, especialmente aquellas que perciban un menor sueldo, pues los créditos serán más caros y a menor plazo. Recién, en cinco o diez años, estaríamos conociendo la real dimensión del daño al sistema, cuando posiblemente muchos de los legisladores que hoy toman decisiones termómetro en mano ni siquiera estén en el mapa político y ya no sea posible pasarles la factura.
No parece sensato, pues, destruir la estabilidad de nuestro país a costa de derrumbar un sistema cuya perfectibilidad es conversable, pasando incluso por una discusión sana y desde cero. No hagamos pagar el costo de esto a las futuras generaciones ni a quienes tienen menos recursos en este momento, o están a punto de jubilarse. Por unos votos más, no vale la pena. Debiera pensarse seriamente que, cuando existan votaciones que comprometan tan delicadamente y a largo plazo los intereses de nuestra nación, las votaciones en el parlamento sean secretas. De ese modo, tal vez se desnudaría el verdadero pensamiento de cada quien y se sincerarían las posiciones.

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