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Opinión

Salud: los pobres sufren los errores y horrores del Estado


 Por Jorge Rivas Figueroa Alcalde de Mulchén Vicepresidente AMRBB

Jorge Rivas, alcalde de Mulchén

Desde que decidí estudiar Administración Pública en la década de los 90 estaba motivado por el Servicio Público y, con ese norte, inicié mis pasos como directivo en el Hospital de Mulchén y posteriormente a nivel provincial, desde el Servicio de Salud.
Mi experiencia en el sector, que ha seguido creciendo a través del tiempo, permite darme cuenta y opinar sobre la realidad. Sé que han existido esfuerzos valiosos como la Reforma de 2006 y otras medidas como las inversiones en infraestructura cuya intención ha sido mejorar el funcionamiento del sector, sin embargo la insatisfacción de la población sigue siendo alta en temas relacionados con la atención que recibe en el sistema público.
Una alta insatisfacción nacida por las largas esperas de interconsultas, por la falta de trato digno expresado, por ejemplo, en filas que se extienden por horas y en la concreción de exámenes y tratamientos que muchas veces llegan tarde, lo que se agudizará tras el Covid.
Para mí, el problema pasa por la falta de más recursos que permitirían llegar con salud de calidad a más personas, que en definitiva son las que se suman en las grandes listas de espera.
A ello debemos agregar que ese dinero debe ir acompañado de personas que realmente tengan la vocación del Servicio Público que debe tener como base la empatía, como ha quedado demostrado con los grandes esfuerzos de los trabajadores de la salud en esta pandemia. A ellos mi respeto.
Además, los incentivos deben ser aún mayores, para un trabajo que debe ser de los más hermosos.
En la década del 80, la mercantilización de la salud, propuesta por un gobierno dictatorial, determinó la existencia de un mercado fecundo, porque siempre existirán personas que se enferman y que quieren seguir viviendo.
A lo largo de mi carrera como servidor público he visto como se ha profundizado la crisis y cómo conceptos como calidad y dignidad se han ido diluyendo en el entendimiento, a tal punto de ser confundidos con temas intrascendentes, cuando la realidad debe ser contraria.
Como trabajador de la salud y luego como alcalde, a través de la salud municipalizada, he visto caer poco a poco y en constante picada a la salud horizontal, a esa preocupación equitativa del Estado en esta materia. Hoy el mercado está por sobre los enfermos que solo suman si se necesitan estadísticas y eso, al menos a mí, me duele.
Nuestro Estado no solo debe hacerse cargo de solucionar la crisis, debe detallar cómo llegamos a este nivel y cómo debe explicarse para que nunca más un paciente sea confundido con un cliente.
La salud ha dividido a Chile creando la existencia de ciudadanos de distinta clase, donde los de más abajo deben pagar todos los errores y horrores de un Estado que debe responder al mandato soberano de una salud acorde al siglo XXI, una donde nadie muera por no ser atendido ni tratado y donde la salud no sea vista ni trabajada como un mercado.
Hoy, tras ser electo y ratificado como vicepresidente de la Asociación de Municipios de la Región del Biobío, vengo a ratificar mi compromiso con el Servicio Público poniendo en tapete de la discusión inmediata, una vez más, el tema de la salud en nuestra región y país. Me preocupa y espero que este tema se preocupación de muchos y muchas.

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