suscríbete al boletín diario

Opinión

La educación moral una función social


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE-1

“Yo considero más valiente al que conquista sus deseos, que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”.
Aristóteles

La moral, como se sabe, dicho de manera simple, es la puesta en acción de los valores éticos, esa dimensión humana que nos indica la diferencia que existe entre lo que es correcto o no lo es y que en definitiva es lo que proyecta la imagen real de cada persona, donde el discurso de reconocimiento y aceptación de los valores éticos a que una persona afirma adherir, en la práctica de la ética, que se expresa en el acto moral, esta relación se ha ido distanciando cada vez más, como ocurre en nuestro tiempo, más que en otros, donde el comportamiento moral se encuentra desvalorizado y no tiene toda la atención que debiera en la educación de las nuevas generaciones (y de las que no lo son tanto, claro está) donde la formación moral no es una materia que preocupe mucho y que no siempre se imparte, ni menos se evalúa, tanto en el ámbito de la educación formal, que entrega la institución escolar, como en la informal, responsabilidad de la familia y de los agentes que operan en el ambiente que rodea al que se educa, cuando lo que se privilegia es la adquisición de conocimientos y habilidades intelectuales como factores de éxito económico y social. La actuación moral no resulta ser siempre considerada un mérito, en muchos casos resulta ser hasta una desventaja para obtener oportunidades o beneficios.
En tiempos de la revolución tecnológica y las comunicaciones, donde las relaciones humanas son superficiales y débiles raíces, donde todo es transitorio y desechable, cuando la satisfacción de los sentidos y las necesidades creadas por la propaganda y los medios de información, constituye el objetivo que orienta la vida de no pocas personas, ocupando gran parte del tiempo y las oportunidades para que la familia y la escuela la dediquen a la formación y práctica de una conducta moral necesaria para una vida en comunidad respetuosa del otro donde prevalezcan los valores de sana y respetuosa convivencia. La sociedad de nuestros tiempos, afirmó un educador norteamericano, sufre de “analfabetismo moral”, porque si bien tiene posibilidades infinitas de aprendizaje, no es capaz de interpretar las sílabas de la formación moral.
Las generaciones jóvenes no logran discriminar los límites de cuándo lo correcto termina de serlo, a veces por una actitud de los adultos de no ejemplarizar – quizás por no estar en condiciones de hacerlo- dónde empieza lo incorrecto o ser muy ambiguos con respecto a los valores éticos que los jóvenes debieran asumir. Por otra parte, la educación institucional, a la que se atribuyen todas las debilidades en la formación de las nuevas generaciones y cómo la vulneración de la ética afecta la vida en sociedad, se encuentra presionada por resultados cuantitativos para la formación del “capital humano” que fijan al sistema educacional la economía lineal y los medios de producción cuyo crecimiento, no siempre desarrollo, se sustenta en el consumo.
Cuando se escribe (reescribe para algunos) la Carta fundamental que regirá el destino de nuestra sociedad por muchos años es importante considerar que no habrá una sociedad equitativa, con justicia, sin odios ni rencores, sana y en paz; tolerante, inclusiva y respetuosa de la diversidad, donde el “yo” no sea una barrera para que se incluyan universalmente “todos”; solidaria con el “otro”, especialmente con quien más lo requiere; mientras exista solo el reconocimiento de la existencia de valore éticos que permiten la convivencia y dignifican a los individuos y a la sociedad, pero los indicadores de violación de los derechos fundamentales de todas las personas, no de unos pocos y de insolvencia moral privada y pública continúen siendo altos, ni la más perfecta Constitución, si no los considera, dará garantías de que nuestra sociedad será moralmente mejor.
De ahí que resulta fundamental que la formación moral de sus miembros no sea un tema ajeno a la responsabilidad educativa de la familia, la institución escolar, la sociedad y del Estado que la representa.

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes