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Opinión

No hablemos de amor si no amamos nuestro hogar


 Por Jorge Rivas Figueroa, Alcalde de Mulchén

Jorge Rivas, alcalde de Mulchén

El domingo recién pasado celebramos a nuestros niños y niñas. Cuales más, cuales menos, intentamos traspasar el amor que se merece cada uno de nuestros hijos e hijas y cada cuál desde su mirada reflejó en ellos, con esperanza, el futuro.

Pero mientras el día comercial tomaba la fiesta en un momento especial de la pandemia, la Organización de Naciones Unidas entregaba un informe lapidario, que nos hace pensar que el amor a nuestros pequeños y pequeñas sucumbe a un consumismo excesivo que nos aleja de toda realidad.

En paralelo, manifestaciones para proteger los ríos se hicieron sentir cuando ya se ha reconocido que para esta primavera y verano, al menos, estará satisfecha la demanda de agua para consumo humano en nuestra provincia.

Ante el inminente calentamiento global, los países miembros de la ONU crearon la instancia llamada COP21 cuyo primer acuerdo multilateral es conocido como el “Acuerdo de París” (12 de diciembre de 2015).

Una instancia de compromiso planetario para disminuir los gases del efecto invernadero, cuestión que hasta hoy no se logra, augurando un cambio climático en tan corto plazo, que no habrá tiempo de adecuar al ser humano ante las manifestaciones de la naturaleza.

Si bien aún existen esperanzas concretas para atenuar los efectos del aumento de la temperatura en el planeta, lo cierto es que al 2030 ya habrá subido 1.5° celsius, lo que se traduce en el derretimiento de los polos, en inundaciones provocada por el aumento del agua en el mar, sequías, muerte de animales y sin ir muy lejos ni ser apocalíptico, la muerte del hombre y la mujer como género.

En este punto y consciente de que somos los líderes políticos que gozamos de mayor credibilidad en los ciudadanos,  es que como alcaldes  estamos llamados a generar conciencia y por eso, en esta oportunidad  me quiero detener en el tema del agua, tan importante para nuestra provincia y región (como para todo el planeta en la actualidad).

Solo en lo que va de la pandemia la Dirección General de Aguas ha ratificado 17 Decretos de Escasez Hídrica en 5 regiones del país, incluyendo sorpresivamente a la región de Los Lagos.

Mientras eso ocurre en el país, la cuenca del río Biobío, del río Laja y de sus tributarios es intervenida una y otra vez por el hombre, que además ni siquiera logra un acuerdo para distribuirla entre la producción agrícola, forestal, turística y consumo humano. A ello hay que sumar la poca fiscalización en terreno de las autoridades correspondientes y por cierto, el indiscriminado robo del recurso.

Todo lo que existe en el planeta tierra es finito, es decir todo se puede acabar, todo tiene un límite y nosotros estamos al borde. Ya está claro que el daño causado no se puede reparar, pero aún queda la esperanza de la conciencia y cómo somos capaces de entregar ese amor que predicamos el domingo, más allá de un día.

En el presente está claro que ya no hablamos de un futuro lejano donde no somos capaces de visualizar nuestra descendencia, hoy simplemente estamos dañando a nuestros hijos e hijas privándolos de todas las bondades que alcanzamos a vivir nosotros. El tema es simple, así como vamos, el 2050 el Planeta Tierra  será otro, uno donde la naturaleza castigará al único ente que la ha lastimado, el ser humano.

Especial Coronavirus

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