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Opinión

Los constituyentes


 Por Miguel Pezoa Reyes Presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Los Ángeles A.G.

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Hace ya algunas semanas tuvimos la oportunidad de ver cómo los constituyentes electos llegaban a la sede del ex Congreso Nacional en medio de marchas, uso de atuendos representativos y cargados de simbolismo, para dar inicio de esta forma a un proceso para el cual fueron electos. La tarea no es menor, ya que redactar la Carta Magna no es en lo absoluto algo simple.
Con el correr de los días, este alegre inicio de funciones dio muestras de las dificultades que deberán enfrentar, y es que al parecer ponerse de acuerdo no es algo que fluya en este insigne espacio. En un diagnóstico anticipado, parece ser que los egos personales no dejan espacio para que las ideas y los acuerdos tomen un curso hacia la redacción de la Constitución.
Ante todo, debiéramos esperar que la justicia, la ley y el sentido común, por sí solos, sean los pilares fundamentales del Estado. Nadie tiene derecho de imponer al pueblo su voluntad y, con eso, su capricho, por mucho que el cargo en el cual fueron envestidos sea de elección popular.
La verdadera armonía republicana solo puede producirse si los individuos, en lugar de tratar de sacar provechos personales o imponer sus ideales, anteponen los intereses de la comunidad entera y no piensan en el corto plazo, ya que la Constitución será el marco que nos regirá por muchos años.
Es momento de que los constituyentes empiecen a mostrar capacidades de estar a la altura de las circunstancias, llegar a los acuerdos necesarios y dejar de buscar titulares en la prensa que los hagan ver como los mesías salvadores de uno u otro sector político.
Todos los constituyentes tenían claro, desde un principio, cuáles serían sus funciones y las condiciones de trabajo, por eso es que llama la atención, entre otras cosas, que –por ejemplo– hayan estado discutiendo sobre “su bajo sueldo”, en circunstancias que no cumplían ni un mes de trabajo. Se habla de hacer cambios radicales y que incluso algunos de nuestros símbolos patrios podrían sufrir modificaciones si así lo estiman conveniente.
También hemos sido testigos de cómo algunos de nuestros constituyentes han mostrado muy poca tolerancia a las ideas disidentes, y mucho menos ánimo de llegar acuerdos. Al parecer, padecen de unas enceguecidas ansias de poder que les nublan los sentidos, al punto de sentir que hasta pueden intervenir en otros poderes del Estado.
Debido a la importancia y trascendencia que para cualquier nación tiene la Constitución es que se debe realizar una súplica hacia los constituyentes, pedirles que honren la adiumenta bominun, la colaboración entre los hombres, como el ideal más elevado.
Por el bien de todos es que deseamos que nuestros constituyentes comiencen ya, y de una buena vez, a hacer el trabajo para el cual fueron electos más allá de cualquier otro deseo personal de cada uno de ellos. La nueva Constitución debe ser pensada en armonía hacia el futuro. Las utopías, en sí dignas de elogio y seguramente inspiradas en el espíritu del idealismo muchas veces, impiden la convivencia de un pueblo, ya que solo llevan al fracaso y la desilusión.

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