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Opinión

Autoritarismo sin autoridad


 Por René Luis Núñez Ávila Profesor de Derecho Procesal Universidad de Chile

Rene Nuñez

Desde hace ya un buen rato, uno constata un cambio cultural profundo en las visiones y comportamiento de las personas y ello, a nivel global, producto de la total inmediatez y conectividad que vivimos.
Autoritarismo sin autoridad es una frase que tiene muchos significados. Distintas personas, en grupos, se van perfilando en torno a ideas fuerzas que luego se expanden por redes sociales y comienzan a permear a un grupo mayor hasta hacer tendencia.
Le sumamos a ello el efecto bandwagon, “efecto arrastre”, “efecto manada” o “efecto de la moda” según el cual los individuos adoptan ideas o conductas por el mero hecho que la gran mayoría lo ha hecho previamente. Este sesgo cognitivo se manifiesta en áreas como el consumo, la moda y/o la política. Un claro ejemplo es cambiar el voto hacia aquellos candidatos que puntúan más alto en las encuestas, para sentirse “ganador”.
Otro efecto no deseado es que quienes no se expresan se van quedando callados ante el tsunami que significa contradecir los cánones de moda. Pero lo más peligroso, que no es nada de lo expuesto, es la violencia y/o descalificación a quien piensa distinto o da argumentos distintos.
Pareciera que la pluralidad de ideas o multiculturalidad se ahoga. Pasamos entonces de una visión autoritaria, jerárquica, vertical a una lógica horizontal pero igualmente autoritaria y jerárquica con las otras (los grupos de identidad contra los que no piensan como ellos).
No existe tolerancia hacia quien disiente con argumentos y lo que uno debe hacer siempre es promover y defender tanto la libertad de expresión como el respeto por el diálogo racional (Art. 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones…)
Esta lógica destructiva es muy fuerte en las nuevas generaciones y conlleva el aislamiento de los otros, las funas y el famoso bullying o acoso físico o psicológico, hasta silenciarlos totalmente.
Twitter es el peor lugar de lo que estoy diciendo ya que, al permitir que personas anónimas creen un perfil falso, bajo esa cobardía, insultan y ningunean a otros.
Si algunas personas creen que la historia enseña que no aprendemos de esa historia, es un deber volver a llamar al respeto de las ideas, que todos nos expresemos -y con mucha fuerza- pero, al mismo tiempo, que esa fuerza del voluntarismo sea capaz de resistir, de soportar, de cohabitar con la fuerza del voluntarismo de otros.
Como dice la Declaración Universal ya citada, ya hubo desconocimiento y menosprecio de los derechos humanos y dieron origen a actos de barbarie ultrajantes. Es una aspiración el advenimiento de un mundo, liberados del temor y de la miseria, en que disfrutemos de la libertad de palabra y de la libertad de creencias.
Es útil entonces recordar la regla de oro, una y otra vez, presente en todas las culturas y religiones escritas (budismo, hinduismo, cristianismo, en el islam, entre otras), esa necesidad de comportarse fraternalmente con aquellos que nos rodean:
“No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.” “Esfuérzate en tratar a los demás como querrías ser tratado, y verás que es el camino más corto a la benevolencia”.
“Todo lo que una persona no desea que le hagan, debe abstenerse de hacerlo a los demás”.

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