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Opinión

En el Día del Campesino reconocemos la relevancia de la Agricultura Familiar (AFC)


 Por Gerardo Wijnant S.M. Subgerente de Impacto

Gerardo Wijnant 2

Con frecuencia olvidamos la relevancia del trabajo y esfuerzo de las campesinas y campesinos en el desarrollo de su labor, en particular en estos tiempos en que vivimos una severa crisis hídrica unida a una pandemia que ha dificultado el desenvolvimiento, la producción y logística en y desde las zonas rurales. Debemos tomar conciencia que los campesinos están presentes, sin siquiera darnos cuenta, en nuestra vida diaria. Por ejemplo, los alimentos que consumimos cada día son el resultado del trabajo que se ejecuta en los campos y muchas veces en condiciones de bastante precariedad. Es hora de detenernos a destacar la esencia y lo fundamental del trabajo campesino y volver a respetarlo en toda la dignidad e importancia que este tiene para toda la población y también para lograr un desarrollo sostenible y armónico.
El 28 de julio se conmemora el Día del Campesino en recuerdo de la publicación de las leyes de Reforma Agraria y de Sindicalización Campesina de 1967, pero lamentablemente, y por mucho tiempo, se ha restado importancia y se han dejado abandonadas muchas zonas rurales sin comprender la imperiosa necesidad de potenciarlas, reconocer su valor, agradecer todo el esfuerzo que en esos lugares se despliega como aporte al bienestar de la sociedad en su totalidad, para que la juventud que ha crecido en esos lugares pueda sentir que el agro es un espacio en que sí pueden desarrollarse adecuadamente y vivir una vida plena, sin sentirse abandonados y sin añorar las posibilidades que supuestamente ofrecen las zonas urbanas.
Todo lo anterior invita a buscar maneras de fortalecer esquemas de mayor descentralización, para motivar la asociatividad y el cooperativismo con la generación de suficientes incentivos e inversiones que potencien el interés por desarrollar espacios rurales y para que sus habitantes y las personas en esos lugares, que trabajan en labores del agro, puedan ser reconocidas, respetadas y admiradas por toda la población.
Desde nuestro trabajo en Doble Impacto-Banca Ética, enfocado en proveer soluciones de financiamiento a productores en diversos rubros productivos y servicios, nos interesa dar impulso al campesinado, aportando con opciones de crédito a asociaciones, cooperativas y empresas conformadas por campesinos y el mundo de la Agricultura Familiar Campesina (AFC), porque comprendemos el tremendo aporte al bien común que representan, ya que son este tipo de iniciativas las que están en el centro de lo que deseamos potenciar con nuestra acción; vale decir, fortalecer la productividad sustentable de la agricultura familiar campesina para aportar a la seguridad y soberanía alimentarias y a la economía rural y el desarrollo local.
Nos compromete el respeto a la dignidad de las personas, en particular de los más vulnerables y nos encontramos con que en estas zonas rurales la precariedad sigue siendo alta.
Entonces, es en estos espacios en donde queremos y podemos estar, aportando con financiamiento de calidad y soluciones a la medida de las reales necesidades y posibilidades de desarrollo de estos productores campesinos.
Valoremos su trabajo, potenciemos la descentralización y el desarrollo de estos campos, incentivando esquemas de producción agroecológicos, orgánicos, biodinámicos o regenerativos. Fortalezcamos los mercados locales y los circuitos cortos por medio de esquemas de Comercio Justo, comprendiendo que no sólo aportan a sus propias zonas, sino que contribuyen también al necesario compromiso con una alimentación más saludable, beneficio que, por añadidura, se devuelve a toda la población.

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