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Opinión

Familia y escuela en pandemia: la sala de clases al interior del hogar


 Por Mg. Ana María Arias Díaz Docente Escuela de Educación Universidad de Concepción, Campus Los Ángeles

Ana María Arias

Sin duda, la contingencia sanitaria, ha cambiado nuestras vidas en muchos aspectos. A algunas familias, tal vez, las ha impactado donde más duele, perder un ser querido. A otros hogares ha traído la desesperanza y agobio, producto de la inestabilidad económica. Actividades que realizábamos con libertad, ahora son casi un privilegio. Nos invaden distintas emociones: pena, rabia, enojo.
El rol de los padres y madres, también se ha visto afectado; ya que, la escuela se ha trasladado al hogar, esos ambientes distantes y distintos, hoy son uno mismo. Sí bien es cierto, la familia siempre ha tenido un rol fundamental en el éxito académico de los/las estudiantes; ya que, como todos/as sabemos: una familia que: motiva, apoya y acompaña a sus hijos/as en el proceso enseñanza aprendizaje, influye positivamente en su desempeño escolar. Premisas que hoy arrastran otras responsabilidades que van más allá de lo que hasta ahora estábamos haciendo como padres y/o apoderados. Entonces, cabe hacerse las siguientes preguntas ¿Los padres y madres estaban preparados para que su living o comedor se transforme en una sala de clases? ¿Tuvieron tiempo para prepararse al enfrentar esta transformación? ¿Quién daría respuestas y soluciones sí en ese hogar no se contaban con las condiciones necesarias para asumir este nuevo rol familiar? Nuevamente, las emociones nos invaden: incertidumbre, angustia, frustración.
Esta desconocida labor parental vinculada a la educación, conlleva múltiples desafíos. Confrontar la tecnología, la cobertura de los planes de internet, el uso de aplicaciones, plataformas de videollamadas; en fin, un sin número de tareas que requiere la educación online. Por otro lado; hacer comprender a niños y jóvenes que deben realizar actividades educativas conectados a una pantalla, sin salir de casa ni llevando uniforme, sin ver ni sentir a los compañeros, reír o jugar durante el recreo disfrutando una añorada colación. Entonces, ¿qué habría sucedido sí en esta transformación que ha experimentado la educación en esta etapa de emergencia sanitaria nuestros padres y apoderados se hubieran negado a colaborar? Si las familias no estuvieran cumpliendo esta indispensable función de apoyo educativo, todo sería más complejo.
El amor de un padre puede derribar mil barreras, por eso hemos resistido a este sistema educativo online a medias, sin la igualdad de oportunidades para todos nuestros niños/as y jóvenes. La tenacidad, esfuerzo y perseverancia de los padres son, sin lugar a duda, una esperanza que nos permite ver con optimismo el futuro educacional. Esta alianza familia y escuela se ha fortalecido, tal vez sin planificarlo. Desde esta mirada, nos evocan emociones positivas relacionadas con los principios de confianza, esperanza y resiliencia.
Al término de cada jornada, a la “casa/sala” vuelve el ambiente familiar, se guardan los cuadernos, computadores y libros. Los héroes de la Pandemia retoman su rol: crear un ambiente cálido y familiar, sin apuros ni horarios tan rígidos y tal vez, disfrutar de una rica once de invierno preparada en familia.

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