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Opinión

Un llamado a la paz


 Por Miguel Pezoa Reyes, Presidente Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Los Ángeles A.G.

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Estamos en medio de una nebulosa. Por un lado, hemos recuperado terreno frente a la pandemia, adoptando los cambios realizados recientemente a la estrategia sanitaria, lo que nos hace abrigar esperanzas en torno al futuro. Por otro lado, nubes de incertidumbre se están tornando amenazantes, haciendo temer borrascosos chubascos desde Biobío al sur, de la mano de atentados que se están robando la paz de los habitantes de esta zona del país y de quienes deben cruzar sus fronteras por distintos motivos, principalmente de trabajo.

La semana pasada fueron varios los hechos funestos que se sucedieron y que coparon las páginas noticiosas. Desde preocupantes atentados y fallecidos, hasta un velorio con presencia de armas. ¿Resultado? Nos encontramos con un clima preocupante y que ha puesto en alerta a los gremios productivos y de transporte de carga, entre otros.

En este sentido, lo primero es manifestar nuestra completa solidaridad con quienes han sido víctimas en primera persona de las consecuencias de estos actos. Deberíamos todos, como país, plegarnos a este sentimiento, como una sola tierra de hermanos, entendiendo que hay conflictos de reivindicación de larga data y que bien vale la pena sentarse a resolver para no seguir incrementando las pérdidas.

Luego estamos quienes no hemos sido afectados directamente, o en carne propia, pero que desde otra vereda vemos cómo este conflicto está carcomiendo nuestra sociedad y echando raíces. Esperamos que esas raíces no afecten injustamente a las generaciones que vendrán.

Nos asiste el derecho a vivir en paz, a trabajar en paz y a soñar con un futuro mejor. Conflictos como este hoy amenazan no solo la salud mental y la vida, sino la reactivación de las pymes que, con este tipo de nubarrones, se ve cada vez más lejana en la Macrozona Sur. La semana que recién pasó hubo 44 cortes de ruta y ocho civiles lesionados, lo que da cuenta de la ausencia del Estado de Derecho, o lisa y llanamente, la ausencia del Estado.

Al 14 de julio pasado, el balance policial daba cuenta que, desde el viernes 9 de julio a esa fecha, un total de 90 eventos de violencia, incluyendo los cortes de la ruta y ataques incendiarios, asolaron en la zona, principalmente en la región de La Araucanía y la región del Biobío. Cifras realmente impactantes que han reactivado las alertas gremiales, cuyas bases estaban enfocadas plenamente en temas como la pandemia y el debate laboral ligado a la rebaja de la jornada de trabajo.

Sin embargo, como señaló alguien por ahí, no podemos seguir con nuestra vida como si nada cuando nuestro vecino se está ahogando. Si no podemos salvarlo por nuestros medios, al menos podemos contribuir a pedir auxilio. Y es eso precisamente lo que estamos haciendo.

Estamos absortos en temas de la contingencia y en nuestras propias agendas institucionales, pero no podemos seguir la rutina diaria sin antes hacer una pausa y plegarnos al llamado de paz invocado por nuestras bases. En Chile hemos sido capaces de llegar a grandes acuerdos, los que nos han permitido continuar con buena voluntad hacia adelante.

Sin esa voluntad de acuerdo, acompañada de una decidida disposición a trabajar en un diálogo constructivo y vinculante, seguiremos sumidos en el conflicto.

Hoy se necesita seguridad. Todos imploramos por ello y es por eso que el llamado va con fuerza a nuestras autoridades. No queremos lamentar más muertes. No queremos más conflictos. Solo queremos seguir trabajando en paz. Y en eso, todos podemos aportar.

Especial Coronavirus

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