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Opinión

¿Quo Vadis Convención Constitucional?


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

“Las ventajas de las constituciones democráticas radican en su carácter abierto, que permiten su perfeccionamiento y su basamento en principios igualitarios, de justicia y libertad”. Felipe González.

Iniciada la Convención Constitucional para diseñar y proponer una nueva Constitución, con los problemas propios de una actividad sobre la cual no había experiencia y con dificultades técnicas que debieron ser previstas, parte la magna tarea sobre la que están cifradas todas las expectativas de una sociedad que busca resolver los problemas de equidad, justicia social, participación, acceso igualitario a la salud, a una educación de calidad, a un trabajo digno, que asegure estabilidad social, sin violencia y una vida en paz, con respeto por los derechos humanos de todos, entre otras y legítimas y razonables aspiraciones y dado los acontecimientos que distorsionan los objetivos que tiene y no poner en peligro el superior objetivo de la Convención es bueno recordar, cuando la memoria, en algunos convencionales, resulta ser deliberadamente frágil y se olvide o se desconozca las reglas establecidas y la palabra empeñada y se hagan exigencias previas sobre materias no contempladas en la misión que les fuera mandatada que, el 15 de noviembre de 2019, diez presidentes de partidos políticos y el diputado Gabriel Boric, actual precandidato presidencial, firmaron el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, declarando, en algunos puntos destacados del acuerdo, que establecen: 1) “Los partidos políticos que suscriben este acuerdo vienen en garantizar su compromiso con el establecimiento de la paz y el orden público en Chile y el total respeto de los derechos humanos y la institucionalidad democrática vigente; 5) “El órgano constituyente que en definitiva sea elegido por la ciudadanía tendrá por único objeto redactar la nueva Constitución, no afectando las competencias y atribuciones de los demás órganos y poderes del Estado”… Si bien el declarado acuerdo político es lo suficientemente claro, y así lo entendimos quienes elegimos, con las mejores intenciones y esperanzas, a nuestros representantes a la convención constitucional, las interpretaciones y actuaciones que algunos constituyentes le han pretendido dar se alejan bastante del espíritu que le dio origen, asumiendo que fueron revestidos de poderes excepcionales que los coloca por sobre los otros poderes del Estado, con potestad para refundar el país, país que no parece ser el de todos, situación que puede afectar que esta nueva creatura tan deseada pueda ser dada a luz en los nueve meses del plazo normal fijado, que retrase su nacimiento o que, lo más lamentable, no nazca en las condiciones de ecuanimidad y fortaleza que garantice la paz social y los derechos de todos y no solo de unos con exclusión de otros, propuesta constitucional que debe, a mediados de 2022, ser evaluada por la ciudadanía en un nuevo plebiscito que apruebe o rechace la propuesta si ésta no refleja la aspiración de la mayoría, aquella que, por sobre interese particulares o ideologías excluyentes, piensa en una sociedad país, inclusiva, sin odios ni revanchas, para que caigan unos y se levanten otros, cuando todos deben estar dignamente de pie en dignidad y derechos, se preguntan hoy: ¿A dónde va la Convención Constitucional?, cuando no pocos de los convencionales, incluso los declarados “independientes”, han resultado ser, directa o indirectamente, intérpretes y mensajeros de visiones particulares de sociedad que, siendo legítimas y estando en libertad de expresarlas, proponerlas y debatirlas democráticamente, más no imponerlas, sobrepasan sus atribuciones y vulneran el estado de derecho necesario para la estabilidad de la convivencia social que el país requiere para proyectarse el futuro.

Lo que requiere y se espera de los convencionales en la construcción de una Nueva Constitución es una actitud integradora de la diversidad, socializadora de espíritu y valores republicanos, equitativa y justa, inspiradora de un mejor futuro, consecuente con la importancia de la misión encomendada y sobre todo con humildad intelectual.

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