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Opinión

Descentralizar solo es posible si sabemos educar


 Por Jorge Rivas Figueroa, Alcalde de Mulchén

Jorge Rivas, alcalde de Mulchén

El próximo 14 de julio, el sillón del Gobierno Regional será ocupado por Rodrigo Díaz, un hombre conocedor del Biobío que cuenta con un recorrido y respaldo político que lo hace digno del cargo, pero tan importante como aquello es que fue elegido por la ciudadanía en un proceso democrático que registró una baja participación de los chilenos.
Si, el proceso de descentralización ya está en marcha y la legitimidad de este nuevo actor en la administración del Estado puede ser cuestionada, pero jamás borrada debido a que en nuestra región solo votó el 13.68% de un padrón que también es cuestionable.
Tras las cifras que dan cuenta del descontento con la clase política y de un desconocimiento del cargo, los líderes políticos debemos preguntarnos dos cosas: ¿Cómo hacer que los ciudadanos comprendan la importancia de este nuevo cargo? y ¿cómo hacer que los ciudadanos acudan a las urnas?
La primera es la más complicada, pues desde cada comuna deberemos preocuparnos de educar, de enseñar a nuestros vecinos que el Gobierno Regional se constituye en uno de los grandes pasos hacia la descentralización política y podría ser uno que nos lleve también a una mayor autonomía económica.
Nuestros presupuestos, demandas y contribuciones al desarrollo del país se harán desde lo local a lo nacional y no desde lo central a lo nacional. La figura cambia representando claramente nuestra realidad, esa que en el centro del poder no se conoce.
En este punto, los alcaldes y las direcciones de educación municipal tienen mucho que decir en cuanto a la formación cívica de nuestros alumnos/as, pues si bien el ramo fue extirpado de la malla curricular centralista, sí tenemos la opción de dictar esas mismas clases a modo de taller, pensando en la formación de los líderes del futuro con una base sólida nacida, ni más ni menos, que de una educación pública descentralizada. Al menos hacia allá marchamos en Mulchén.
Lo segundo es más complicado y no depende solo de los líderes comunales.
En este punto, el reconocimiento es a la diputada de la Democracia Cristiana, Joanna Pérez, que ha sido impulsora del voto obligatorio, proyecto que hoy se debate en el Congreso y que podría hacer que los chilenos volvamos a valorar las urnas como lo hicimos el 5 de octubre de 1988, donde votó el 97.53% del total del padrón electoral de aquellos años.
La actual Reforma Constitucional que busca volver al voto obligatorio se convertirá así en una ley imperativa, que por omisión en el proyecto original, dejará la inscripción automática, obligando a los chilenos a llevar sus ideas y descontentos a la papeleta a objeto de cambiar todo aquello que provocó el Estallido Social y responsabilizándolos (políticamente) de su actuar, es decir, seremos verdaderos ciudadanos.
Con una inscripción obligatoria al momento de cumplir 18 años y con la obligación de votar (salvo las excepciones contempladas en la ley), las cosas podrían cambiar aún más en beneficio de cada uno de nosotros.
En consecuencia, el fortalecimiento de la figura del/de la gobernador/a regional no solo dependerá del esfuerzo que hagamos los alcaldes para enseñar a nuestros alumnos/as, sino también del parlamento, el que sigue dando señales de reivindicación tras el 18 de octubre de 2019.

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