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Opinión

No da lo mismo cualquier liderazgo


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

Como he sostenido en oportunidades anteriores –a propósito de otros temas relacionados con la gestión directiva y técnico/pedagógica en los centros de enseñanza–, no existe estilo de liderazgo educativo alguno que no vaya a tener una directa incidencia (positiva o negativa, según el caso) en la generación de cada uno de los estereotipos docentes por todos conocidos y su impacto, a la vez, en la conformación de los tipologías discentes que desde los enfoques de aprendizaje pululan en los espacios pedagógicos (intra o extra institucionales; es decir, salones de clases u otros concurrentes y afines a los procesos de enseñanza y educación) de que se trate. Y ello es muy simple de entender porque si son los equipos docente directivos y docente técnico-pedagógicos “los que con sus visiones y formas de gestión contribuyen, a partir de una relación causal, a cómo es que los educadores asumen el acto pedagógico”, con independencia de la formación académica por la que hayan pasado, son estos últimos “los que para bien o para mal”, según la perspectiva desde donde se permitan abordar su propio quehacer, los que –en su condición de inhibidos o potenciados– inhiben o potencian a sus educandos con la réplica en sus clases de los tipos de liderazgo imperantes en los centros educativos donde se desempeñan profesionalmente.

El asunto es que así como desde los estilos de liderazgo se puede llegar –considerando en esta oportunidad un Modelo Alternativo de Visualización de Estereotipos Docentes– a la generación e instalación de tipos de enseñantes como los llamados “dependientes” (-), “diletantes” (-) y “autónomos” (+), lo cierto es que desde estos últimos, y por añadidura, concurrirá la presencia y consolidación de tipologías discentes o de educandos como los “superficiales” (-), “estratégicos” (-) y “profundos” (+), revelándose una evidente relación de consecuencialidad horizontal y vertical entre unos y otros; (es decir, en la cadena: “estilos de liderazgo – tipos de interacciones sociales – tipologías docentes – modelos discentes”), subentendiéndose, por otro lado, que en cada caso se habrá dado una directa presencia de ciertas formas de interacción social –pensando en la teoría de los intercambios sociales, de Jürgen Habermas– como son las “asimétrico contingentes” (-), “pseudo contingentes” (-) y “simétricamente contingentes (+)”, deducibles de las aludidas formas de liderazgo llevados a cabo por los docente directivos.

Sobre este particular, téngase en cuenta, por cierto, que hasta ahora –sin perjuicio de las más modernas miradas que existen al respecto, puesto que formas para ejercer el liderazgo en los establecimientos educacionales (hablamos de eso) por parte de quienes asumen tales responsabilidades, hay muchas– son tres los modelos habitualmente recurridos; a saber: 1) el autoritario, mediante el cual es el líder es el que establece las políticas y procedimientos institucionales, el que determina qué objetivos han de ser considerados en la organización, además de tener el control de  todas las actividades y sus acciones sin ningún tipo de participación significativa de las personas a su cargo; 2) un mal entendido laissez faire, donde cada quien actúa por su cuenta y riesgo; y 3) el democrático, fundado en la participación, horizontalización e integración de personas y procesos, y por el cual se favorece que los docentes cuenten con un mayor poder de decisión sobre sus respectivas funciones, además de suficientes competencias para resolver en contextos generales y específicos acerca de la marcha que supone un establecimiento de enseñanza.

Ahora bien, siendo que, según lo refiere la evidencia empírica existente sobre el tema, el más arraigado de los estilos de liderazgo ejercidos en el ámbito de la educación es el denominado autoritario –no obstante lo inconveniente y regresivo que puede resultar para las instituciones escolares y quienes son los oferentes y demandantes de educación en las mismas–, parece de la mayor relevancia el celo que se deba poner en los procesos de selección y designación de los distintos equipos directivos y técnico-pedagógicos que han de conducir los centros de enseñanza.

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