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Opinión

Día Nacional del Comercio


 Por Miguel Pezoa Reyes, Presidente Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Los Ángeles A.G.

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El 6 de junio es una fecha especial para el comercio. En un día como ayer fallece Diego Portales Palazuelos y nace a la historia la figura de un hombre que cambió  los principios de la República y forjó un ideario a seguir por quienes, desde la actividad comercial, construyen el sustento de sus hogares y los cimientos económicos de nuestro país. En homenaje a él se instauró esta efeméride conocida como Día Nacional del Comercio.

Con sus luces y sombras, como cualquier personaje público, Diego Portales Palazuelos encarnó la austeridad, el tesón y la disciplina que deben primar en nuestro medio, uno de los más dinámicos, como describe el profesor Eduardo Cavieres, Premio Nacional de Historia, y quien compiló una serie de investigaciones para el libro “Historia del comercio”, aporte de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) al bicentenario de nuestro país.

En sus líneas describe cómo evolucionamos de un comercio colonial a un creciente mercado interno y la consolidación del sistema actual de importaciones y exportaciones, hasta llegar a los grandes holdings y la era de la globalización. En la actualidad, de la mano del comercio electrónico, impulsado fuertemente por la actual contingencia sanitaria, vemos que nuevamente el comercio es protagonista de la historia y del desarrollo de la humanidad, acercando los bienes y los servicios a las personas y las comunidades, adaptando su modo de trabajar, acogiendo las nuevas tecnologías y democratizando el acceso a los productos y bienes, independiente del lugar de residencia y la condición social.

El crecimiento de nuestra propia ciudad obedeció al desarrollo de la actividad agrícola y consolidación del comercio como una actividad que cambió el mapa de las calles. Es así como en el centro de nuestra ciudad se desenvuelve una actividad febril, polo de convergencia de los habitantes de la provincia que acuden a las tiendas y establecimientos para abastecerse de distintos artículos. Esa misma actividad comercial fue la que atrajo la llegada de las entidades financieras y otros centros de servicios, y constituyen la actual fisonomía de la comuna. Es el mismo desarrollo del comercio y su distribución geográfica la que va marcando el tono de los barrios más alejados del sector céntrico, donde hoy cohabitan viviendas y strip center cambiando –nuevamente el comercio– la cara de nuestra ciudad. Cualquiera que nació en esta ciudad sabe que fuera de Colón, Villagrán y Almagro no había una actividad comercial fuerte. Ahí nacía y moría el centro, y más allá de esas calles era muy difícil encontrar una tienda, un restaurante y, menos aún, un cajero automático o un lugar donde pagar una cuenta.

Por eso, en esta fecha especial –que más que una celebración, constituye una conmemoración– queremos invitar a  todos los comerciantes a sentirse orgullosos de la labor que realizan e invitar a la comunidad a compartir con nosotros ese mismo orgullo, en especial a las nuevas generaciones, que espero vean en la actividad comercial una fuente de desarrollo y superación personal donde volcar sus competencias y aspiraciones, conscientes de que cuando un empresario o un comerciante crecen, también lo hace una familia, una comunidad y un país.

Asimismo, mi más sincero reconocimiento a cada uno de los comerciantes y trabajadores del comercio por haber sorteado los embates del estallido social y seguir luchando por sobrevivir a esta pandemia. Sin duda, demostramos con ello cuánto amamos nuestra actividad y a nuestro país y su gente.

En este mismo contexto, nuestra invitación también es a las autoridades para que protejan la actividad del comercio y las pymes, con especial énfasis en la industria local, la misma que otrora fue una gran fuente de empleo y que también sucumbió en la era de las importaciones. Qué mejor país posiblemente seríamos si el conocido refrán “Si es chileno, es bueno” se hiciera realmente carne entre nosotros y volviera a florecer, como antaño, la industria local, y la etiqueta “Hecho en Chile” siguiera siendo sello de la calidad del trabajo de nuestra gente.

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