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Opinión

El momento cero


 Por René Luis Núñez Ávila Profesor de Derecho Procesal Universidad de Chile

Rene Nuñez

Estamos en el momento cero. Tenemos fechas históricas que ya sabemos lo que significan: 18 de octubre de 2019, 25 de octubre de 2020, 15 y 16 de mayo de 2021. Ahora tenemos 155 nombres, sus rostros, sus historias vitales y sus pensamientos. Ellos ya están en la historia de Chile y serán los protagonistas del futuro.
Luego del descalabro electoral, sentimientos de euforia y terror, por cada lado comienzan los análisis y a vislumbrarse lo que viene, con sentimientos de esperanza y de pánico al mismo tiempo.
Más allá del autor de estas expresiones, es cierto que cuando algo muere, lo nuevo tarda en aparecer y, en ese intermedio, surge todo tipo de preocupaciones. Ese es el momento cero. Van 60 países con estallido social y el desafío es cómo respondemos nosotros para evitar ir al despeñadero.
Es cierto, hubo un cambio político. Tenemos una convención multicolor en que predominan los independientes, los abogados, los jóvenes, la equidad de género y pueblos originarios, un mosaico que obligará a buscar a acuerdos. Se demandó un cambio social profundo, pero, al mismo tiempo, se necesita tranquilidad para volver a la normalidad y seguir avanzando como país.
Los 155 navegantes deben proponer y acordar una nueva Constitución y es seguro que habrá muchos problemas que resolver para lograr un país más justo. Se necesitará mucho diálogo. A partir de ahora, surgirán nuevos liderazgos y cada constituyente tendrá que esforzarse por escuchar con humildad y atención al otro. A su vez, cada uno es portador de expectativas, de ideas, de demandas sentidas y aspiraciones de un cambio profundo. Muchas de las ideas que nacieron del estallido social ahora tienen rostro humano.
Habrá propuestas radicales, tentaciones al populismo, pero estoy seguro que el sentido común y lo razonable se impondrá. Se ha canalizado el estallido social en estos 155 integrantes. Ahora deben determinar lo común o puntos de encuentro. Los chilenos somos legalistas y la prueba es que el estallido social y la violencia terminaron en una convención constituyente con reglas y debate democrático. Hoy esta diversidad le da validez al proceso, pero lo hace complejo.
Hay grandes expectativas ciudadanas para que no se encierren en cuatro paredes, que escuchen a la gente, sean proactivos y avancen. Nadie tendrá derecho a veto.
El llamado es a la sensatez, a no atrincherarse en los extremos, sino que construir acuerdos. Ojalá se evite la lógica de las bancadas, pero creo que eso es inevitable en el ser humano.
Cuando niños se juega al “tirar la cuerda”, unos para allá y otros para acá, y, al mismo tiempo, se produce un efecto al centro, un sentido común y una estabilidad que impide que ni el allá ni el acá se imponga. Veremos atentos qué pasa, si la cuerda se corta o no, si un lado se impone o no al otro, o bien, priman los grandes acuerdos transversales propios de personas que están plenamente conscientes del momento y del deber histórico que tienen por delante.

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