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Opinión

Cuando la torpeza supera la inteligencia


 Por Renato Segura, Centro de Estudios Cerregional

Renato-Segura

Resulta increíble la torpeza con la cual se ha manejado el sistema de protección social de los hogares en Chile en pandemia. A pesar que todos los expertos señalan como mala política social el tener que echar mano a los ahorros previsionales, vamos caminando hacia el tercer retiro de los ahorros como parte una política indeseada de ayuda social que parece no tener punto final.

Es un hecho de la causa el reconocer que, el sistema económico chileno, dispone de mentes brillantes. Varias centenas de dichas lumbreras se han formado en las mejores universidades del mundo. En este ambiente académico de excelencia, no es de extrañar que parte de sus profesores y/o tutores sean poseedores del premio Nobel de Economía, máximo galardón a la inteligencia que han demostrado para desarrollar modelos que han contribuido al mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad.

¿Por qué nuestros brillantes economistas no han sido capaces de diseñar una alternativa al retiro del 10% del ahorro previsional?

En mi opinión, el uso de la racionalidad frente a realidades que desconocen, ponen en jaque la inteligencia para enfrentar de buena forma la solución a los problemas. En efecto, la racionalidad de los modelos económicos se basa en supuestos. Cuando dichos supuestos fallan por eventos desconocidos, se genera un cortocircuito entre la racionalidad y la inteligencia, dando paso a la torpeza. Dicho evento se ha manifestado nítidamente durante el presente siglo en al menos dos ocasiones: la crisis subprime a nivel internacional y la crisis Covid-19 a nivel local.

Ante la incapacidad de los economistas de anticipar la crisis económica conocida como «La Gran Recesión» o «La gran crisis del siglo XXI» del año 2008, la reina de Inglaterra en una visita a la London School of Economics en 2008,  remeció al mundo económico con una simple pregunta: “¿Por qué nadie lo vio venir?”.

Los efectos de la pandemia en Chile han desencadenado la torpeza de la elite económica. Las restricciones sanitarias han afectado transversalmente a los hogares de ingresos bajos, medios y altos. Frente a la demanda transversal de ayuda social para enfrentar la crisis, ¿por qué no se implementó un ingreso familiar de emergencia universal que transfiera recursos directos durante el tiempo que dure la pandemia? Por ejemplo si todos y cada uno de los 6 millones de hogares del país recibiera un ingreso de $200 mil pesos al mes, implicaría un gasto fiscal de 1.700 millones de dólares mensuales. Una parte de dicha transferencia retorna a las arcas fiscales vía impuestos (IVA por ejemplo); otra parte puede ser financiada con impuestos a la renta transitorios que escalen proporcionalmente con el nivel de ingreso mensual de los contribuyentes (personas naturales y jurídicas); y el saldo restante se financia con deuda pública. Si bien esta política permite que les llegue ayuda fiscal a los hogares más ricos del país, mientras duren las ayudas, dichos hogares enfrentarán una mayor carga impositiva. Es decir, la ayuda estatal se compensará holgadamente con el aumento de los impuestos.

Frente a este modelo de ingreso de emergencia universal, todos y cada uno de los hogares dispone de ayuda estatal permanente, durante el tiempo que dure la emergencia, sin necesidad de tener que recurrir al retiro de sus ahorros previsionales.

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