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Opinión

Nueva Constitución: ¿a la inglesa, francesa o a la chilena?

René Luis Núñez Ávila Profesor de Derecho Procesal Universidad de Chile


 Por La Tribuna

Rene Nuñez

Italia está pasando por una crisis política grave y tambalea su régimen. Perú ya vivió la suya. Muchos países europeos han estado o están complicados. No hay duda que tenemos un híper presidencialismo y existen diversas opiniones para que la nueva Constitución cree o un régimen parlamentario, uno semi presidencial o un presidencial de coalición o moderado.

Existen muchos estudios y análisis mas, de lo que establezca la Convención Constituyente, con una buena o mala elección del régimen político, dependerá cómo salvaremos futuras crisis institucionales que vivamos. Y, por otro lado, este es uno de los temas en que la idiosincrasia de un pueblo tiene más preponderancia que las experiencias foráneas.

Respecto a un parlamentarismo, que sería un ideal, lo descarto porque no tenemos ni la tradición ni buenas experiencias con el sistema a la chilena de los años 1900. El Congreso tiene los índices más bajos de aprobación de la ciudadanía y sus miembros son severamente cuestionados en lo ético, por sus malas prácticas e incluso por sus conductas delictivas. Debe ser el Congreso de la peor calidad en la historia de Chile.

El semi presidencialismo crea la figura del Jefe de Estado y el Jefe de Gobierno que tampoco va con la mentalidad chilena. Una figura decorativa con una alta remuneración y nueva burocracia no tiene raigambre. Es difícil imaginar un primer ministro, jefe de Gobierno, aprobado por la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados. Es fuerte la tradición de elegir a quien gobierna por sufragio universal como control horizontal. Pero, existe mucha coincidencia política respecto a este régimen y, para ello, es necesario recordar el acuerdo entre Renovación Nacional y la Democracia Cristiana del año 2012 en que Carlos Larraín e Ignacio Walker, respectivamente, anunciaron una propuesta conjunta para reformar el sistema político en Chile: régimen semi presidencial y la instalación de un sistema electoral proporcional corregido. Lo segundo se logró. El sistema francés es el que más gusta para ser implementado.

Finalmente, se postula un presidencialismo atenuado o de coalición en que se corrijan los problemas actuales y se salve la crítica de Bruce Ackerman, quien señala que la forma más toxica de división de poderes es precisamente el caso de Chile: un Presidente elegido popularmente junto a un Congreso elegido en un sistema de representación proporcional. Se tiene un Presidente con minorías parlamentarias como sucede con el actual Gobierno.

Hoy, lo que más se acentúa en la literatura es el renacer del presidencialismo y las figuras personales carismáticas sobresalen en el mundo y los casos los conocemos: en Alemania, Nueva Zelandia, la misma Inglaterra y Canadá donde la gente adhiere a la persona. El gran punto en todo este tema es la gobernabilidad y para ello se debe corregir defectos como son las urgencias, las materias de iniciativa exclusiva del Presidente, el veto, que el Congreso sea más protagonista y no un mero “buzón”, y, buscar salidas de escape cuando existan crisis.

Dicho eso, lo que debe tenderse, por todos los mecanismos posibles, es tener un Presidente elegido popularmente junto a un Congreso elegido en un sistema de representación proporcional que apoye a dicho Presidente. Una idea que circula es que la elección parlamentaria sea en la segunda vuelta presidencial, buscando que el Presidente logre las mayorías en el Congreso y se adhiera a un programa de Gobierno que la ciudadanía conoce de antemano. Entonces, se negocia un programa de gobierno en torno a un Presidente y todos van detrás de dicho programa, preestablecido, con los temas claves, y, la ciudadanía elige el proyecto de gobierno que más le sea atractivo, sabiendo que elige a un Presidente, un Congreso y un itinerario.

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