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Opinión

Incendios forestales


 Por Prensa La Tribuna

Más de 170 hectáreas se quemaron en un incendio forestal ocurrido entre el jueves y viernes en la zona de Nacimiento, en los contrafuertes de la Cordillera de Nahuelbuta. Las llamas dañaron principalmente parte de las abundantes plantaciones forestales, pero también pusieron en riesgo las viviendas de residentes en la zona, debiendo extremarse los recursos para el resguardo de los vecinos.

El sábado, otro siniestro forestal ocurrido en Purén (provincia de Malleco) amenazó a decenas de viviendas de la citada comuna e, incluso, se llegó a plantear su evacuación de emergencia por el riesgo para las personas. Las llamas llegaron prácticamente a los patios de las casas.

En ambas emergencias, se tuvo que movilizar una enorme cantidad de recursos humanos y logísticos para evitar que los incendios forestales se convirtieran en una tragedia. Cientos de hombres, entre brigadistas forestales de la Conaf y de empresas del rubro, además de voluntarios de bomberos fueron trasladados a las zonas afectadas. Se emplearon aviones-dromedario y helicópteros, incluidos las unidades Chinook que tienen una enorme capacidad de agua (10 mil litros) para sofocar las llamas.

Fueron horas de intenso trabajo y profunda incertidumbre. Es que la dinámica de los incendios forestales, pese a ser ampliamente estudiada, tiene una cuota importante de imprevisibilidad. Las condiciones del viento pueden ser tremendamente caprichosas para empujar las llamas hacia cualquier parte, debiendo reorientar todo el esfuerzo en función de un nuevo foco.

Aunque no existe certeza sobre el origen de ambos siniestros, lo más probable es que haya sido por el factor humano, ya sea por acción o por omisión. Desde quien lo haya causado de manera intencional (como los pirómanos) hasta aquellos que simplemente fueron descuidados en el uso del fuego, como una fogata mal apagada, la chispa de una máquina soldadora que alcanza un pastizal reseco o la colilla de un cigarrillo mal apagado que se reaviva con facilidad por la yesca.

Los incendios forestales por causas naturales son menos del 1% y se focalizan en las zonas cordilleranas, a consecuencia de las tormentas eléctricas.

Estamos recién empezando el año. En el 2017, cuando se produjeron los peores incendios de las últimas décadas, las emergencias se produjeron a fines de enero y se prolongaron en buena parte del mes siguiente. Fue el año en que se debió acudir al recurso extremo de contratar el avión Super Tanker para apoyar las labores de combate de los múltiples focos de siniestros forestales que abarcaron tres regiones del país.

Quedan dos meses de altas temperaturas por delante. Cada jornada encierra el riesgo de que cualquier acción intencional o poco prudente pueda desencadenar una tragedia. Es resorte de cada uno de nosotros el evitarlo. Si bien es cierto que cada año se realizan campañas de educación, la condición de pandemia puso un freno a este tipo de iniciativas.

Sin embargo, no es necesario que se nos recuerde cada año que debemos ser cuidadosos en el uso del fuego. Ya sea en un camping, un asado o el mencionado cigarrillo. No solo se trata de los daños en una actividad relevante en la zona, como es el rubro silvícola, sino por los impactos en las personas que habitan en las zonas rurales, que ven destruidas sus viviendas, cosechas y plantaciones.

Tal cual como sucede con las medidas de prevención que hemos debido aprender a usar a raíz de la pandemia del coronavirus, ya debiéramos tener totalmente internalizadas estas otras acciones cuyo irrestricto cumplimiento nos puede evitar daños, sufrimiento e incertidumbre.

Especial Coronavirus

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