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Opinión

Una Navidad de la esperanza


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

“La Navidad es una necesidad. Tiene que haber al menos un día en el año para recordarnos que estamos aquí para algo más que nosotros mismos.” Arnold Eric Sevareid.

Si bien la historia de la festividad navideña ha demostrado que su celebración tiene raíces paganas y que la fecha  en que se realiza se atribuye al nacimiento de Jesús y aun cuando ello no está fehacientemente comprobado, su mensaje de unión y redención humana permanece en el tiempo, a pesar  que, a impulsos del mercado y del consumismo, su  sentido más íntimo de humildad y generosidad, por sobre el individualismo que predomina, nos permite ser capaces de reconocer al otro como uno de nuestros iguales y continúa siendo para muchos, tanto para creyentes como no creyentes, un mensaje de fe, esperanza y amor al prójimo y a la humanidad. La Navidad sigue formando parte de las tradiciones familiares y de algunas religiones y  se amalgama con los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, así como los de justicia entre los seres humanos, como reconocimiento a su dignidad y sus derechos y que se constituyeron,  sobre la base de la fe, el dolor, el sacrificio y la sangre de miles de personas, en los pilares que sostienen  los Derechos Humanos Universales.

El espíritu navideño fue el capaz de permitir una tregua no declarada la noche del día 24 de diciembre de 1914 durante la primera Guerra Mundial entre las tropas alemanas y británicas y nadie fue muerto en esa noche de paz en una guerra donde 8.500.000 personas habían muerto y cientos de miles estaban muriendo por sus heridas. Así, iluminados por el espíritu navideño, los soldado de ambos bandos, cuya misión era matar al mayor número de “enemigos” posibles,  callaron sus armas y uniendo sus voces, en diferentes idiomas pero en  un solo coro, elevaron al cielo de esa noche la canción “Noche de Paz”. De esa forma, el hombre,  por un breve, pero mágico espacio de tiempo,  había dejado de ser el lobo de su hermano. El espíritu de la Navidad lo había logrado.

A pocos días de recordar esta fecha, en lo íntimo de cada uno y en unión de nuestras familias la reflexión que debemos hacer en esta Navidad debe ser de la esperanza de que es posible superar las dificultades que hemos estado viviendo por la tragedia que ha significado el  flagelo cruel de la pandemia que nos azota  sin misericordia –como a todo el mundo- especialmente a los más débiles y desamparados si cada uno de nosotros es capaz de tomar conciencia de lo grave de la situación que se vive y asume la responsabilidad de un  actuar más consciente para evitar que el virus mortal no solo se propague sino que permanezca por demasiado tiempo manteniendo la incertidumbre y el miedo, la inmovilidad del confinamiento físico y el trauma psicológico, con graves consecuencias, así como las dificultades de la subsistencia diaria que puede llegar a ser dramática por falta de recursos, además del sufrimiento y la muerte de alguien de los nuestros, o de cualquiera que fuera, por lo que debemos ser capaces de cambiar nuestro comportamiento individualista e indiferente antes el peligro común al que todos estamos expuestos; nuestras familias y las familias de otros,  aun cuando alguien pueda pensar que, por ser quién es, el virus hará con él y los suyos, una excepción.

El espíritu de la a Navidad –por sobre cualquier creencia, fe o posición sobre la sociedad y la vida que sostengamos- nos puede ayudar a superar el individualismo y el egoísmo de un actuar irresponsable al no cumplir con las normas sanitarias que tienen el superior objetivo humanista, solidario y ético de protegernos a todos. Debemos gracias por ello y a quienes han enfrentado cara a cara la pandemia, incluso con su vida y no ser responsables con nuestro comportamiento, por acción u omisión, del dolor y la tragedia de otros de nuestros iguales y con quienes compartimos el mismo destino.

Que esta Navidad nos permita sentir la paz y ver la luz de la esperanza de que unidos saldremos de la oscuridad que nos agobia. Ese es el mejor regalo que podemos dar y también poder ser merecedores de recibirlo.

Especial Coronavirus

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