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Opinión

El ser docente en el sentido profundo de las ciencias de la pedagogía


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

La Pedagogía es una ciencia porque tiene en el sujeto en situación de aprendizaje a su propio objeto de estudio; y aplicada, porque se nutre de otras ciencias que le sirven de sustento teórico y empírico. En cuanto tal, la Pedagogía se ocupa de la educación y la enseñanza, constituyéndose en una práctica que se hace cargo de determinados aspectos (como las etapas del desarrollo humano que van de los 0 a 6 años, 7 a 14 años y 15 a 18 años, a partir de las cuales se definen las distintas etapas escolares, es decir, la Educación Inicial, la Educación Básica y la Educación Media), campos o áreas  (tales como Currículo, Didáctica, Evaluación, Psicología, Filosofía, Orientación, Sociología e Investigación) y disciplinas (como Lenguaje, Matemática, Historia, Ciencias, por citar algunas). En su sentido más simple se define como la capacidad que se tiene para enseñar y educar o la actividad del pedagogo o del profesional de la educación.

Por otro lado, la expresión profesor (del latín professor -oris, de profiteri: declarar) ha de entenderse como la persona que ejerce o enseña una ciencia o arte; y la expresión docente (del latín docens -entis: de docere: enseñar), como quien enseña, perteneciente o relativo a la enseñanza (enseñar: del latín insignari: señalar, marcar, de insignis: que destaca por una señal; instruir; exhibir); al propio tiempo que la voz enseñanza, como acción y efecto de enseñar; sistema y método de dar instrucción, ejemplo, acción o suceso que sirve de experiencia, enseñando o advirtiendo cómo se debe obrar en casos análogos; al cabo que como conjunto de conocimientos a ser entregados a un educando.

Ahora bien, atendida la existencia de un sistema escolar como el nuestro y su estructura específica –que para el caso no es tan distinta de la de cualquier otro existente en el planeta y cuyos fundamentos son las etapas de desarrollo humano que deben ir superando los individuos a medida que avanzan en edad– resulta obvio colegir que los profesores, antes que todo, son especialistas en el tratamiento pedagógico de la infancia, unos (los Educadores de Párvulos), en el de la niñez, otros (los profesores de Enseñanza Básica), y en el de la adolescencia, los demás (los profesores de Enseñanza Media), constituyendo un caso aparte –eso es de suyo claro– los profesores de Educación Diferencial o Especial, quienes atendiendo capacidades diferentes, van y vienen por cada etapa del sistema escolar.

Sus diferencias están, como se ha visto –las existentes entre cada tipo de profesor de los hasta ahora reconocidos–, en las etapas de desarrollo humano que les corresponde atender (como las hay en la profesión médica, odontológica o psicológica para la atención de pacientes, por ejemplo), en tanto que sus semejanzas, en el ejercicio del acto docente o  pedagógico; ello, dado que todos, sin excepción alguna, deben transitar desde la enseñanza antepreactiva, hasta la enseñanza posactiva, pasando por las enseñanzas preactiva e interactiva o, lo que es igual, desde la enseñanza antepreáulica hasta la posáulica, pasando por las enseñanzas preáulica y áulica.

Lo anterior, desde luego, porque todos deben reconocer endógena y exógenamente a sus educandos y decidir en función de ellos, planificar integralmente sus futuras y distintas intervenciones en el espacio pedagógico, ejecutar ante y con los estudiantes lo ya planificado, y reflexionar para una nueva toma de decisiones; todo esto en el contexto de un sistema escolar debidamente diversificado, concatenado e imbricado por donde fluyen los saberes expresados en fines y objetivos que han de alcanzar los aprendientes, paso a paso, en pro de desarrollar habilidades, destrezas y capacidades que habrán de dejarlos competentes en aquello que se les demande de conformidad con el tipo de sociedad en el que han de desenvolverse en función de sí mismos y de esa sociedad.

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