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Opinión

Con un lápiz y un papel


 Por Bryan Smith, OBB

Bryan Smith

Ensayar y ensayar hasta llegar a un acierto temporal; construir consensos para la conducción de las naciones mediante la expresión máxima de la libertad política; escuchar, comprender, estar de acuerdo, discrepar genuinamente, respetarnos entre minorías y mayorías; apoyarnos mutuamente con el fin de construir un espacio común saludable, un ecosistema inteligente de convivencia entre los seres vivos y el planeta tierra (que también es un ser vivo)… son algunas premisas desde las cuales se puede entender la democracia moderna.

En Chile, recién en 1952 el derecho a sufragio pasó de ser un derecho exclusivo a un derecho universal con la participación de las mujeres en las votaciones. Si consideramos que los primeros vestigios de asentamientos sedentarios humanos que dieron origen a la civilización, datan de hace unos 10.000 años, más los 17 años de dictadura, nuestra democracia frente a la historia ocupa apenas una porción marginal de tiempo, lo que convierte a nuestra generación, en una generación privilegiada y bendecida con el derecho a decidir sobre su propio destino como sociedad, ya sea mediante representantes electos o decisiones directas a tomar.

Elegir un destino común es el derecho humano de la “Autodeterminación de los Pueblos” y es fundamental para la salud de los países, tener un proyecto común -valga la redundancia- legitimado por la ciudadanía mediante la democratización de los procesos… concebir un destino común como nación, como país, nos hace libres como nunca lo hemos sido. Es por eso que este plebiscito es tan importante, porque por primera vez en la historia democrática de Chile, podremos nosotros, la ciudadanía, tomar la posibilidad de sentarnos frente a frente con nuestras humanas diferencias y buscar consenso entre nuestras visiones, comenzando por lo que nos une y así construir una carta de navegación hacia el futuro… nuestra propia y democrática Constitución

Cualquier opción es legítima, de eso no cabe duda, al fin y al cabo, la voluntad de la mayoría, es la voluntad de la nación y siquiera cuestionarla, es atentar contra la democracia, la única forma de gobierno que, hasta ahora, nos ha permitido equipararnos como seres humanos frente al quehacer de la sociedad y no ser gobernados por la voluntad, placer o capricho de unos pocos, como ha sido prácticamente toda la historia de la civilización. Pero en particular, darnos la posibilidad -como ciudadanía- de iniciar un proceso hacia una nueva carta magna, es la opción más saludable, porque es abrir aún más las puertas al diálogo y al consenso entre nuestras distintas formas de ver la vida en sociedad.

Es importante entender que este plebiscito, si bien es la fiesta democrática más importante que hemos celebrado en nuestra historia, también es potencialmente el inicio de un proceso que terminará con otro plebiscito en el cual podremos decidir, finalmente, entre la actual y una nueva opción de constitución, por lo cual no hay nada que perder y mucho por ganar en intentarlo.

No obstante, este proceso de campaña por el apruebo y el rechazo, como toda campaña política, no ha estado exenta del análisis corto, las pasiones, los temores de la ignorancia y el odio, pero aun así, sigue siendo la elección más importante de nuestra historia moderna y es menester que los chilenos y chilenas, nos volquemos a la urnas a decidir a voluntad y conciencia, dejando de lado la odiosidad metódica que la clase política impulsa vilmente entre nosotros y entender que las ciudadanas y ciudadanos de a pie, somos más que su vulgaridad y ansias de poder. Tenemos una fe intensa en nuestro futuro y toda la disposición a respetarnos y participar activamente en nuestra propia conducción, junto a nuestras y nuestros compatriotas, pues por sobre todo, tenemos esa conexión que define a todos los pueblos, una historia común que nos impulsa a evolucionar, buscar el cambio, la paz y el reconocimiento de los derechos de todas y todos sus integrantes.

Dejemos el odio y construyamos un futuro más consciente, podemos ser un mejor país, donde el privilegio sea esencialmente el hecho de vivir en Chile; donde nuestros pueblos ancestrales tengan reconocimiento en nuestra identidad multicultural; donde la corrupción sea considerada como un delito tan grave como el terrorismo, porque defrauda la fe pública; donde el medioambiente sea el eje central de la vida y que la economía esté en su función y no al revés; donde la ciudadanía tenga consagrado el derecho de participación directa en la confección de las leyes y donde las instituciones tengan mecanismos de vigilancia y regulación constante e implacable. Votar apruebo hoy es una opción real y si no resulta, podemos rechazar en el plebiscito de salida.

Con un lápiz y un papel, una generación valiente derrocó una dictadura, con un lápiz y un papel podemos darnos la oportunidad de abrirnos al cambio y a la posibilidad de ser un mejor país.

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